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15 mayo 2007

El libro de los conejitos suicidas

Uno de los libros más divertidos que he visto últimamente es "El libro de los conejos suicidas", en el que una serie de conejos, cansados de vivir, se inventan las maneras más absurdas y originales de suicidio. En el libro, los conejitos nos muestran en cada página una nueva manera de pasar al otro barrio, algunas realmente divertidas y originales, aunque no demasiado efectivas.
El autor es de Andy Riley, y el libro no cuesta más de 8 euros en la fnac. Para que os entren ganas de leerlo, una breve muestra del humor de este tipo:

>> Información en la wikipedia sobre el libro.
>> Set en flickr con algunas de las viñetas.

06 mayo 2007

El libro que no te mereces

El día 23 de abril, como todos los años, se celebra el día del libro. Para los que no lo sepan, se eligió ese día por ser la fecha en la que murieron Cervantes y Shakespeare. Esta coincidencia, además de bonita e increíble, es más deseada que real ya que la casualidad corresponde a una discordancia existente entre los vigentes calendarios de ambos países en la época, que hizo creer primero al Dr. John Bowle y después a Víctor Hugo (que se encargó de propagar la coincidencia) que Shakespeare había muerto el mismo día que el autor de El Quijote. Volviendo al tema del día del libro, es bien sabido que mucha gente aprovecha este día para regalarse un libro y un-elemento-ajeno-a-la-literatura, léase rosas, claveles o directamente hortalizas, como ocurre en alguna que otra ciudad de España, lo que hace que se convierta en una mezcla absurda de romanticismo, cultura y ganas de gastar.

Pero bueno, si hay algún día en el no me molesta seguir los mandatos de El Corte Inglés es precisamente éste: considero casi una obligación regalarle a ciertas personas ciertas cosas, gente que no es que se plantee o no leer un libro, sino que ni siquiera se plantea entrar en una librería para ver si hay algo que le interese. Que digo yo que algo, un cómic, un mapa, un incunable, un libro sobre cine, sobre arte, sobre ganado vacuno, sobre filosofía oriental… ¿es que no hay nada que le haga entrar? Una vez oí que una persona de mi entorno regalaba a todo el mundo siempre lo mismo: un libro. Por supuesto no siempre el mismo libro, sino uno pensado para cada persona, pero sabías que de su parte siempre te iban a caer un buen puñado de páginas. Esto es algo que a mí me encantaría poder hacer (entre otras cosas para evitar tener que pensar en regalos cada vez más espectaculares o rebuscados que superen a los del año anterior), pero que no puedo porque en actualidad literaria yo no soportaría ni una ronda de preguntas del 1,2,3… responda otra vez. Además, cuando un libro me gusta lo hace siempre por valores extra literarios (lugares comunes, sentimientos que me provoca o simpatía por el tema tratado), con lo que al haber conectado tanto con él y por cosas tan poco concretas, hace que se sobreestime su valor. La persona a la que intento transmitir esa emoción seguramente no sea capaz de entenderlo y lo único que conseguirás serán unas palabras suyas de decepción por el listón tan alto que tú le habías establecido. Y no hay nada peor que desear con muchas ganas que alguien comparta tu entusiasmo contigo y que éste no sea correspondido, o que directamente te entierren tu entusiasmo a dos metros bajo tierra, descartando todos y cada uno de los valores por los que tú habías encumbrado esa obra.

De cualquier modo, está claro que la subjetividad de toda obra (ya sea literatura, cine, pintura, fotografía) hace que día sí y día también te sientas ridículo porque te gusten cosas que al resto de la humanidad le parecen infumables. Con la fotografía, la música y la pintura más o menos todo el mundo está de acuerdo: te puede gustar o no, pero obtienes una impresión al primer vistazo/oído; cosa que no ocurre, por ejemplo, con la literatura o el cine, que precisan de una mirada mucho más pausada para que nos aventuremos a dar un veredicto. Y es ahí donde tu escala de valores entra en conflicto con la escala “artística” del resto de la gente, provocando cosas que hacen que te sientas como un estúpido por valorar aspectos que para el resto del mundo pasan desapercibidos: la portada, la maquetación, el olor de sus páginas, la dedicatoria de quien te lo regaló o los pasajes de tu vida que te ha hecho recordar (en el caso de un libro) o los títulos de crédito, la estética y ciertos diálogos (en el caso de una película): a ver cómo consigues transmitir eso a alguien sin caer en cursiladas y sin crear falsas esperanzas en una obra que, sin ser tuya, se ha convertido en algo tan propio que ya no puedes dejar de tener, y a la que siempre vuelves cuando quieres experimentar de nuevo todo ese proceso.

Publicado en Punto Cultural

02 mayo 2007

Fnac Sevilla

Este viernes dia 4 de Mayo abre en Sevilla una nueva tienda de la cadena FNAC. Esto, que para el 99,9% de los mortales no significa nada, para mí es uno de los acontecimientos más importantes de la ciudad. Hace años ya que cada viaje a Madrid implica una parada obligatoria en uno de mis centros de ocio favorito (por no decir una de mis plazas favoritas). La frase "para eso trabajo" la acuñé uno de esos días en los que me faltaban manos para agarrar todo lo que quería o llevaba buscando demasiado tiempo.

Supongo que mucha gente pensará que para qué queremos otra multinacional (y encima francesa) que venga a aprovecharse de la cuota de mercado que tienen los comercios pequeños, de favorecer el empleo basura o de matar cualquier atisbo de encanto en la compra de una obra (libro, cd o película). Podría rebatir todas y cada una de esas ideas pero, la verdad, no me apetece. Decir que en esta ciudad el pequeño comercio se va a ver resentido es mentira porque NO HAY PEQUEÑO COMERCIO que se dedique al tema. Es así de simple. La llegada de la fnac va a hacer que la mierdaempresa tenga que ponerse las pilas si quiere conservar parte del pastel que ahora domina. Por no hablar de otras recién aparecidas, sucursales de discográficas, que desde hace tiempo utilizan precios abusivos y totalmente desproporcionados.

Se acabó eso de deletrear Goldfrapp, de soportar empleados que no saben lo que venden, de discos que nunca llegan ni llegarán, de singles que ni siquiera cruzan Despeñaperros y de pagar más por un Cd que por una entrada de un concierto. No quiero decir que en la fnac no haya nada de esto, pero por lo menos la variedad y las ofertas nos van a hacer olvidar cosas como esas.

Para el que esté por aquí el jueves 3 de Mayo, la inauguración "oficial" correrá a cargo de los padrinos Cayetana Guillén Cuervo y Jesús Quintero. Después habrá un concierto en un escenario montado en la Plaza de San Francisco (si el tiempo lo permite) donde actuarán, que yo sepa, Ariel Rot, Rey Morao y Dolores O'Riordan.

Larga vida y esperemos que no se repitan errores del pasado (¿alguien se acuerda del Virgin Megastore?)

06 junio 2005

El Alejandro Dumas sacrílego

He empezado a leer este fin de semana Ángeles y Demonios de Dan Brown, el autor de El código Da Vinci. Me había leído este último, y el otro me lo habían regalado hace unos meses, pero a la hora de elegir estre Ángeles... y Cabo Trafalgar de Pérez Reverte me había decidido por este último. No se en qué momento este autor (que me fascinó con sus artículos semanales o con su novela El club Dumas) empezó a interesarse por el mar, pues en ese momento dejó de interesarme a mí. En esta última novela (y me cuentan que en la anterior también), su prosa se ha vuelto descuidada, amiguesca (si es que existe esa palabra), de tasca. Sus argumentos son enrevesados y el uso de una gran cantidad de términos navieros hace que te pierdas constantemente y que la lectura se haga tremendamente pesada. Me cuentan que es una novela de encargo, pero eso no quita para que no encuente ni un atisbo del autor que me mantuvo en tensión durante la lectura de aquel Club Dumas y que me hizo interesarme por ese otro gran novelista que es Alejandro Dumas ( y del que tanto beben tanto Dan Brown como él).

Dan Brown sabe que cualquier historia que verse sobre Cristianismo y simbología tiene el éxito garantizado (por lo menos a mi me encantan). Si esto lo adornas con puzzles, ambigramas, pasadizos y puertas que se abren tras un resorte, sólo te queda elegir una historia mas o menos creíble. Quizá ese tono, esa manera de contar historias en las que el antihéroe se enfrenta a toda una trama imposible con referentes religosos es lo que me hace zambullirme de esta manera en sus tramas.

Ángeles y Demonios sigue la misma estela de El código Da Vinci: es una historia previa (que no precuela) en la que el personaje principal es el mismo, un profesor de simbología religiosa que, cual Indiana Jones, tiene que salvar a toda la Iglesia Cristiana de una antigua secta científica que quiere destruirla. Todo esto mezclado con bombas de antimateria, elecciones papales, fumatas blancas y asesinos en serie. Lo mejor de todo es que no sabes qué es real y qué es inventado por el propio autor. La lectura del libro lleva un trabajo paralelo de investigación para ver cual de sus teorías es posible. Lo sean o no, lo que no se le puede negar es su capacidad de montar y argumentar dichas teorías, para que pasen como ciertas (es capaz de hablarle al gran público de antimateria y de la secta de los Illuminati y que éstos no se sientan perdidos.).

De momento me tiene enganchado. El autor adolece del uso de ciertos recursos folletinescos (algo de lo que adolece también Reverte, pero heredado en los dos casos de su maestro Dumas), pues desarrolla, en capítulos muy cortos (y por tanto fáciles de leer) varias historias que se encuentran entre sí. Lo de folletinesco viene porque es habitual que las tramas de un capítulo den vueltas sobre sí mismas para acabar con un "y de repente se abrió la puerta y Robert Langdon no podía creer lo que estaba viendo" y pasar al siguiente, que seguramente se encargará de otra trama paralela. A mí como lector que quiere pasar un buen rato, estos recursos no me molestan en absoluto, pero entiendo que la crítica se mosquee con el éxito de este señor.

Ángeles y Demonios
ha recibido numerosas críticas por ser publicado después del éxito del Código..., sobre todo cuando fue escrito unos años antes. Es bastante parecido al anterior (personajes, estructura, historias de amenazas contra la Iglesia, crimen con simbología religiosa...), como si el autor hubiera ensayado aquí todo lo que después iba a explotar en el Código Da Vinci. Como ya he dicho, a mi no me molesta en absoluto, estoy tremendamente enganchado a una novela folletinesca (no veo que hay de malo en ello) con un pulso y un ritmo que para sí quisieran recuperar otros autores (y no quiero citar a nadie...)

> Parecidos con El Código Da Vinci y errores cometidos por el autor en Ángeles y Demonios
> ¿Qué es un ambigrama?