Últimamente me ha dado por le cine de aventuras. Y gracias a mi consejero audiovisual, cuando me da por algo, puedo tener todo lo que quiero. Mi intención es verme de un tirón Robin de los Bosques, Camelot, El prisionero de Zenda, El Temible burlón, Ivanhoe, Scaramouche, El halcón y la flecha y todo lo que caiga en mis manos que sea capaz de mostrar una paleta de colores más grande que la del Paint. Para empezar elegí Las aventuras de Robin Hood porque era la que más cariño le tenía de pequeño. No se cómo ni cuando la vi, supongo que cuando las televisiones aun recurrían a ella en horario de tarde. Y yo lo flipaba. Ver esos colores, esos decorados de cartón piedra y ese doblaje al español que la mayoría de las veces eliminaba cualquier sonido ambiente (consecuencia de que antes la pista de sonido no viniera separada de la pista de voces, como ocurre desde hace años) era algo que me hipnotizaba, y que ha debido dejar su poso porque cualquier cosa que reúna esas tres características me despierta una irrefenable atracción.
El caso es que lo bueno de no tener memoria es que puedo ver las películas una y otra vez y sorprenderme con detalles (y líneas argumentales completas) que había olvidado. Y el otro día me sorprendí a mi mismo flipándolo con el primer encuentro entre Robin y el príncipe Juan, el momento en que se van uniendo a Robin los personajes que le acompañarán en la defensa del rey o el concurso de tiro con arco y huída de Robin. Pero sobre todo con la sensación de que todo fluye con una facilidad pasmosa, que no hay género que me guste más que el cine de aventuras bien narrado y que no entiendo cómo aquellos que buscan la esencia de Indiana Jones no recurren directamente a los clásicos y dejan de esperar que Indy les decepcione una vez más.

Y después de semejante plato me apetecía ponerme con algo a lo que llevaba tiempo queriendo hincarle el diente:
Robin & Marian. La película crepuescular del héroe, la que demostró que se puede envejecer a un personaje con dignidad (otra vez podríamos hablar de Indy y su oportunidad desaprovechada en su última aventura) y la que tiene uno de los finales más bonitos que he visto en mi vida.
Robin & Marian gana muchísimos enteros por algo que no es mérito suyo: el verla después de haber visto Robin de los bosques. Si en la primera todo era juventud, lozanía y felicidad, en esta el paso del tiempo ha hecho sus estragos y nos encontramos a un héroe al que como años atrás, le vuelve a caer la responsabilidad de liderar un movimiento en contra de los abusos de poder. Sólo que esta vez ni el cuerpo responderá de igual manera ni Inglaterra y Sherwood son el mundo de fantasía que conocíamos. Me emocioné tremendamente al ver a Sean Connery intentando subir el muro del castillo para escapar y darse cuenta de que su cuerpo no le respondía, o ver como Robin tiene serias dudas de que deba ser él el que otra vez se enfrente a las injusticias del poder absoluto impuesto por el Rey.
Decir que es una película crepuscular sobre un héroe que lo fue y que intenta volver a serlo es decir ya mucho. Eso ya sería suficiente para amarla. Pero lo más interesante de la película es ver cómo, a través de pequeños detalles (sin llegar a los niveles de
Mel Brooks, eso si), el guionista (James Goldman) y el director (Richard Lester) nos humanizan al héroe que siempre nos han enseñado como perfecto: Robin, como todos pensábamos, debajo de sus ropas no lleva calzoncillos. Y a Robin, por supuesto, le pesa la espada como un quintal. Y en Sherwood se duerme en el suelo, con la cabeza apoyada sobre una piedra. No hay forma más sencilla y efectiva de transmitir lo que quieres expresar sin recurrir a largas parrafadas de guión.
Una película extrañamente bella, romántica (sin caer en la cursilería), con un puñado de escenas para enmarcar (el momento en que Marian se quita el hábito y se enseña como mujer, la huída del castillo tras rescatar a las monjas, la muerte del Rey en manos de Robin, la lucha de espadas final o por supuesto la escena final en el torreón y esa flecha marcando el lugar), unas interpretaciones perfectas y que te deja con ganas de que algún día, otra película te haga experimentar sensaciones parecidas. Yo voy a empezar a buscarla ya...