27 abril 2007

Superman y Spiderwoman

No se si realmente el cine Indio es así, si las imágenes que nos llegan son de películas actuales o de los 70 (cuando se hacían bizarradas del tipo "El luchador manco") o es que realmente esta gente se divierte con esto y nadie se plantea hacer nada diferente. Pero mientras sigan llegando secuencias como ésta, en la que Superman acompaña a La Mujer Araña (toma ya) en un vuelo por la ciudad mientras los edificios siguen apareciendo tras el cuerpo de los personajes volando y ellos se marcan un baile en las alturas (con sombra en el suelo incluida), por mí encantado.
Atención a la escena final, que me recuerda a cierto rodaje de cortometraje en La cartuja, a unos 40 grados, y luchando contra la caída del sol para no romper el raccord de luz.

Aquí el glorioso Superman Indio



Y aquí Carmelilla Masala, el corto de Jesús Fernández

24 abril 2007

¡Todos fuera que aquí no caben más!


Tras ver este video uno se queda con cara de ¿eeeeinnn?
Pongámonos en situación: última edición de OT (un programa que sigo porque me divierte, aunque pienso que el premio para estos chicos debería ser un dinerito y a casa, por su salud y por la nuestra más que nada); segundo clasificado (si no me equivoco) tras cantar todas las canciones melosas de la historia saca un disco al mercado, que, como era de imaginar, sigue la tónica general de su compañía: sonidos de serie Z y letras de serie gamma para un disco de usar y tirar o ni eso. Reunión de ejecutivos de la compañía pensando cómo intentar colarnos a este personaje: si por el lado tierno en plan baladón, por el lado flamenquito, por el latineo o por el reggaeton.
"Bah, ya hemos explotado eso con otros... Lancémonos a por el único sector para el que no tenemos representante. ¡Creemos un público objetivo sacando a este personaje del armario y que todos los maricas españoles tengan una estrella nacional con quién identificarse!"
Y ahí lo tenemos, cual Miguel Bosé explotando su ambigüedad de una forma absolutamente casposa (si, se puede ser más casposo aún que Bosetina) y protagonizando (modo ironía: on) "lo mejor que le ha pasado a la música pop de este país desde que Olé Olé fue a cantar al Golfo Pérsico" (modo ironía:off) (leído en los foros de lamesacamilla.com)
De todas formas, ya puestos, directamente yo hubiera lanzado una campaña en plan marketing viral con un video supuestamente robado de alguna escena de cama de este tipo con un maromo y la música del single como banda sonora, y que hubiera estado un par de semanos rulando por ahí hasta que él hubiera salido a la palestra (¿qué es la palestra, a todo esto?) para informarnos del magno acontecimiento: su salida del armaraio y la salida de su disco.
¡No me creo nada!

20 abril 2007

Declaración de principios

" Un informático NO se dedica a instalar Windows XP. Instalar Windows XP lo puede hacer hasta un crío de 9 años. Seguro que tienes 50 amigos más, que no son informáticos, a los que puedes turnar para que te reinstalen tu Windows cada 3 meses. Es increíblemente desesperante perder 3 horas de tu vida instalando un Windows XP porque la atención necesaria para hacerlo son 5 minutos, el resto del proceso es automático. Si quieres que un informático te instale el Windows, organiza en tu casa una partida de mus, una fiesta, una orgía o una cata de vinos peleones, pero no obligues a tu amigo informático a esperar horas delante de una pantalla sin hacer más que intentar matar el tiempo.

Un informático NO se dedica a programar el video, a arreglar mandos a distancia o a configurar sistemas de aire acondicionado. Simplemente son cosas que NADA tienen que ver con la informática y por tanto un informático puede tener la misma idea que tú sobre ello. Si no sabes utilizar un aparato, saca del cajón eso que llaman “manual de uso” y léetelo. Si aun así no consigues lo que quieres, llama al servicio técnico. Si te dicen que te va a costar dinero, pregúntales cuanto, resta un 20% a esa cantidad y ofrécele a tu amigo informático un trabajillo. Si quiere y es capaz de hacerlo ambos salís ganando. Si no, no hay más remedio que pagar al servicio técnico o comprarse un aparato nuevo.

Un informático NO es un diseñador web. Por muy chulas que puedan quedar en Internet las fotos de tu último viaje a Benidorm, un informático no se dedica a hacer páginas web. Si necesitas una página web tienes dos opciones:
  • Si quieres algo serio, paga a alguien por hacerla. Hacer una web seria requiere necesariamente de un diseñador web, es decir, un profesional debidamente cualificado, que ha leído muchos libros y se ha pasado horas y horas delante de una pantalla creando un buen producto. Si un informático te dice que puede hacer la página web de tu empresa, mándale a la mierda, te quiere timar. No dejes que el intrusismo laboral resulte en una web-chapuza que será la imagen de una empresa.
  • Si quieres algo personal, cómprate un libro sobre Microsoft Frontpage, Dreamweaver o similar y aprende a hacerla tu mismo. En este caso un informático sí puede ayudarte pero has de tener en cuenta que incluso si la web es algo personal y sencilla, estamos hablando de un curro que puede llevar horas o días de trabajo. Tenlo en cuenta a la hora de hacerle un regalo por su trabajo. Un informático NO se dedica a comprar ordenadores en el Corte Inglés. No obstante los informáticos solemos tener una idea bastante precisa sobre componentes informáticos. Si quieres que un informático te aconseje sobre qué ordenador comprar, queda con él para tomar un café, dile para qué tienes pensado utilizar el ordenador, dile cuanto dinero te quieres gastar y llévale folletos de publicidad de al menos 3 tiendas de informática. Él te dirá cual de todos es el más adecuado para ti. Eso sí, eres tú quien tiene que ir a comprarlo y quien tiene que pagar el café.
Un informático NO se conoce de memoria los miles de virus que andan sueltos. Si te ha entrado un virus o te aparecen por todas partes ventanitas de publicidad cada 2 minutos, probablemente sea por tu culpa. Si no tenias antivirus, instálalo. Si lo tenias, haz un scan de todo tu disco duro. Si utilizas Internet Explorer deja de hacerlo e instala Firefox. Si no tienes cortafuegos, vete pensando en poner uno. Si tienes dudas, pregúntale a Google, él no se cansa de resolver dudas. Si aun así no se soluciona tu problema y sigues empeñado en dar la paliza a tu amigo informático, ten en cuenta TODO lo que el te diga. Si te advierte sobre los peligros de abrir archivos adjuntos HAZLE CASO, si te advierte sobre lo inseguro que puede ser bajarse indiscriminadamente programas chorras de Softonic o similares HAZLE CASO, si te advierte sobre la seguridad de tu red Wireless HAZLE CASO, si te advierte de que el programa de correo electrónico que utilizas es un colador (como por ejemplo Outlook) HAZLE CASO y ponte el que te diga, si te advierte que usar Internet Explorer es la causa más probable de que tengas virus y Spyware, HAZLE CASO e instala el navegador que él te sugiera, si te advierte de cualquier otra cosa, HAZLE CASO, él es el que controla en estos temas.

Un informático NO tiene por que ser un friki. Andate con cuidado a la hora de tratarlo como tal porque los que no lo somos, nos mosqueamos bastante si nos regaláis un DVD de La Guerra de las Galaxias, la trilogía del Señor de los Anillos (no en mi caso, a mi me lo podéis regalar, eh), o un libro para jugar al rol. Si un informático te ha hecho un favor y quieres regalarle algo, piensa que antes que informático es una persona. Seguramente sea mejor regalarle una botella de Havana Club añejo 7 años o invitarle a cenar a un restaurante, que darle una camiseta que ponga “Solo hay 10 tipos de personas, las que saben binario y las que no” o un poster de Darth Vader.

Un informático NO es quien se sabe de memoria los mejores servidores del eMule. Ni tampoco quien controla cuales son los juegos más recientes que han salido al mercado, quien sabe hacer un programa que te apaga el ordenador en X minutos, quien sabe qué tarjeta gráfica es la mejor del mundo mundial, quien sabe como crearse una cuenta en Gmail, quien sabe como chatear en el IRC, quien sabe utilizar Visual Studio para hacer unas ventanas con botones, quien sabe como copiar CD’s de juegos protegidos o ripear DVDs, quien sabe como evitar que el messenger se arranque solo o quien ha manejado un Linux Knoppix el solito.

Un informático ES alguien que probablemente se ha dejado los huevos estudiando una carrera muy muy difícil, alguien que es capaz de encontrar soluciones a un problema, elegir la más eficiente y además ponerla en práctica, alguien que utiliza el ordenador para trabajar no para jugar (no siempre es así), alguien que es capaz de imaginar las consecuencias que puede acarrear una acción determinada, alguien que presta atención a los indicadores luminosos de los aparatos que maneja para detectar posibles errores, alguien que ha abierto su ordenador 40.000 veces, alguien que sabe cómo y porqué funcionan las cosas, alguien que conoce otros sistemas de numeración como el binario, el octal o el hexadecimal, alguien que está al tanto de las ultimas tendencias del mercado, alguien al que le gusta aprender cosas nuevas, manejar nuevas tecnologías y sobre todo que aprecien su trabajo y conocimientos. "
(Visto en mil sitios de la red, pero un texto con más razón que un santo y que todo el mundo debería leer antes de plantearse gorronear a un informático)

18 abril 2007

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Ahora que toca buscar trabajo me doy cuenta de lo delicado que soy, y de lo poco que quiero para mí trabajos que otros aceptan sin problemas. El mundo de la informática se ha convertido en un mercado en el que puedes trabajar en una variedad muy pequeña de empresas: las grandes (me niego: con beverly tuve bastante) y las pequeñas formadas por tres o cuatro socios a las que es muy difícil acceder. Y claro, ahora tengo claro que de la informática hay sólo una cosa que me apasiona: el diseño y la programación web (lo demás me interesa poco o directamente lo odio, como la parte de Sistemas), pero no siempre fue así.

De hecho, muchas veces he pensado que toda mi vida iba a ser infeliz por aquella decisión que tomé un día. No ya el estudiar ingeniería informática, sino elegir ciencias como rama de estudios. Con lo feliz que hubiera sido yo como periodista con un master en medios digitales o fotógrafo profesional. Mi proceso de toma de decisiones fue más o menos tal que así:

  1. Decidí elegir ciencias porque tenían más salida que las letras.
  2. Decidí elegir Informática porque me gustaba jugar con mi Spectrum.
  3. Decidí estudiar la superior porque ya que me ponía, me sacaba "la de verdad", no las mierdas esas de tres años que podía hacer cualquiera. Sin duda, las empresas valorarían mi esfuerzo (sic).
  4. Me decidí por Sevilla en los últimos cinco minutos porque en Sevilla conocía a 1 persona y en Málaga a 0 personas.
Evidentemente, y con este panorama mental, a mi entrada no recibí mas que palos y palos por todas partes. Yo pensaba que aquello iba a ser una sucursal de Dinamic en la que impartían clases sobre creación de videojuegos. Yo en mi vida había programado nada (a copiar código del Microhobby no se le podía llamar programar) y ni siquiera había sido capaz de lograr correr un poke sobre algún juego. Así que mi decepción fue tremenda cuando vi que de todas las asignaturas sólo una era de programación (en C, eso sí), otra de circuitos (entendible) y el resto eran matemáticas y físicas (incomprensible). El nivel de todas, por supuesto, altísimo. Nunca en mi vida me había topado con un CERO: el primero fue mi primer examen de programación. Reconfortaba que a todo el mundo le había salido mal.

Después vinieron los intentos por cambiarme a Periodismo, las adaptaciones al nuevo plan (mucho más sencillo), las decepciones con las asignaturas (lo de dibujar gráficos programando en C ya fue el colmo), las quintas convocatorias a las que llegué en alguna que otra asignatura, las decepciones laborales y el intento del cine.

A pesar de esto no puedo decir que me haya ido tan mal. Siempre he tenido mucha suerte en todos mis trabajos, que me han permitido realizar otras cosas que han conseguido llenar esos huecos que mi trabajo de 8 a 3 no me ha permitido. Otra cosa es que si volviera atrás, volviera a elegir lo mismo. Eso tengo claro que no. No me gusta tener una profesión en la que la única oportunidad de tener un trabajo decente es aprobar una oposición y entrar en la Administración Pública, cáncer de esta sociedad.

>>Inspirado en el artículo de Dandel

12 abril 2007

Tócame

A lo Serge Gainsbourg y Jane Birkin en Je t'aime moi non plus, Sara Montiel grabó esta canción con la que pretendía subir los ánimos del personal. O eso o era parte de alguna banda sonora de cualquier película de Jess Franco. Impagables los jadeos, los susurros y esa parte en la que dice "Embraisse me and kiss me all over".

10 abril 2007

Corriendo a la Virgen

Curioso como uno se escapa de una ciudad evitando todo aquello que odia de ella (semana santa y aglomeraciones) para acabar en un pueblo de Jaen (Lahiguera) viendo una procesión rodeado de gente. Pero claro, hay niveles y niveles. Lo que aquí es una celebración del cristianismo llevada a cabo por grupos de gente que para mí son un mundo aparte (hermandades y tal) allí es despojado del boato y la inaccesibilidad para convertirse en un evento divertido, original y con interés para aquellos que no comulgamos con estas maneras de celebrar unas creencias y no somos más que espectadores externos de un evento emocionante.

Ante ustedes.... la carrera de la Virgen de Lahiguera (Jaen) (aprox. en el minuto 1:30)



El proceso es el siguiente: el Cristo resucitado sale en procesión y es colocado en lo alto de una de las calles del pueblo. Es entonces cuando comienza la subasta para ver quién va a portar las imágenes de San Juan y la Virgen. Grupos de 4 personas pujan económicamente para portar a las imágenes (las pujas quedaron en unos 700 euros cada imagen). Una vez se decide quienes van a ser, se descalzan, sujetan las imágenes y se disponen a "correr a la virgen" al encuentro de su hijo, que acaba de resucitar y hay que celebrarlo. Durante el camino, un quinto corredor se encarga de ir quitando el manto negro y descubrir el azul, señal de que el luto ha terminado.

La carrera no dura más de 10 segundos, pero durante ese tiempo es impresionante ver las caras de acojone de los corredores, la gente apartándose para que no la arrollen y la propia imagen (de un peso y tamaño considerable) a una velocidad de vértigo.

Sin duda una de las cosas más curiosas e increíbles que he visto en mucho tiempo.

09 abril 2007

Carne, huesos y TV

Si hay algún medio que está satanizado en España es la televisión. Ni la prensa escrita (ya sea seria o de usar y tirar tipo 20 minutos) ni la radio gozan de niveles tan bajos de respeto. Y dentro de la televisión, hay subniveles aún más denostados, como los programas amarillos. Rellenan contenido (en algunas cadenas más que otras) de una forma muy rentable, y se produce el curioso efecto que ante cualquier mención de los mismos en una conversación, todo el mundo se apresura en desmarcarse para que su imagen externa no se vea mancillada. Algo que hacen hasta los presentadores de dichos espacios, que de vez en cuando sueltan un “no se pierdan el último libro de Auster” o “es como en aquella película de Greenaway” sin saber que hay cosas que dichas en ciertos entornos provocan el efecto contrario al pretendido…

No voy yo por tanto a desmarcarme como lo hacen todos. Me da igual que esto no sea políticamente correcto. Lo confieso: consumo este tipo de productos. Y sí, soy consciente de la poca calidad que ofrecen. Pero no creo que por eso tengan que ser repudiados de esa manera. Sobre todo cuando basura hay en todas partes, empezando por los periódicos nacionales, los telediarios o los programas de entretenimiento. ¿Y cómo se llega a disfrutar de cosas como una prueba de paternidad/test de embarazo en directo, una pelea entre dos señoras madurísimas de la escena trash española, un concurso donde encierran a gente para que se peleen dentro y fuera de los platós o del escarnio público de todo un grupo de políticos marbellíes? Pues relajándose y asumiendo que, o bien están ahí porque quieren estar o es el castigo del pueblo a tanta poca vergüenza. Porque yo, como espectador, no puedo ver en ellos a personas de las que me rodean todos los días, de esas que no van por ahí pisando a los demás o haciendo primar sus propios beneficios. En su lugar veo a un conjunto de personajes que, de tanto aparecer, han traspasado la barrera existente entre lo real y lo ficticio, y han pasado a ser un personaje más de esa teleserie que se llama “Famosos”, y por los cuales no siento la más mínima pena o compasión. Sobre todo porque son ellos los que han elegido estar ahí, y hay muy pocos por no decir ninguno que no utilice a la prensa amarilla para promocionar sus presentes o futuros proyectos. Eso en el caso de que seas famoso "de por sí". Si eres anónimo e intentas conseguir tus 15 minutos de fama… ¿quién soy yo para impedírtelo?

Y el hecho de ser espectadores habituales de este tipo de productos… ¿nos hace ser peor que quienes no lo son? Supongo que depende de a quién le preguntes. Un no espectador te dirá que esa basura solo puede hacerte llenar horas y horas de tiempo e información vacía, la cual no necesitas y además es perjudicial, ya que te embrutece.Un espectador replicará que lo uno no está reñido con lo otro, y que es de una demagogia tal afirmar eso que desacredita de inmediato a quién lo hace. ¿Desde cuándo comer solomillo está reñido con disfrutar de comida basura? ¿Quién no se rinde de vez en cuando a los placeres más mundanos?

Si el problema está en que resulta molesto ver la televisión y encontrarse “mientras se zapea” con tales productos y personajes, la solución es bien sencilla. Apagas la tele y te lees un libro, te apuntas al cable para ver lo que te dé la gana o te vas a la calle. Sin duda, me parecen mucho más peligrosas ciertas editoriales de El Mundo o del ABC, las opiniones de algunos tertulianos televisivos, la labor de nuestros representantes políticos, ciertos presentadores de informativos radiofónicos o las proclamas de la Iglesia sobre ciertos temas.

Démosle una oportunidad al espectador: no sentemos cátedra sobre lo que es bueno o no para él. Afortunadamente no es un ente-esponja que absorbe sin analizar todo lo que ve por televisión. Y si lo fuera, es su problema, y el de nadie más.

Publicado en puntocultural.com

03 abril 2007

Barbarella

barbarella

Barbarella es una de esas películas por las que llevaba tiempo suspirando pero que había conseguido esquivarme durante años. A pesar de que otros éxitos de la ciencia ficción (como esa cuyo nombre nunca he sabido en la que un grupo de científicos se introducen en el cuerpo de un enfermo tras pasar por un proceso de miniaturización) han sido repuestos hasta la saciedad, todo el mundo parece haberse olvidado de esta joya visual del erotismo-soft-pop que es, sin duda, una de las mejores peores películas de la historia. Y es una pena, porque material había. El cómic de Jean-Claude Forest proponía a una heroína inocente, sexy, consciente de que sus mejores armas no eran precisamente sus pistolas láser. Hoy en día lo vemos como algo normal, pero en el 68 era toda una provocación...

22 marzo 2007

Quiero vivir en la ciudad

Desde que tengo uso de razón, nunca he sido nada localista. En los telediarios que veía o los periódicos que leía, esas noticias me las saltaba o simplemente no les prestaba atención. De hecho nunca en mi vida he comprado un periódico local, ni antes que vivía en una ciudad pequeña ni ahora que vivo en una capital. Algo así me pasa con los blogs: no me gustan demasiado las entradas en las que el autor habla de cosas del tipo "me he levantado y he desayunado y después he visto a M." o "anoche estuve en la sala X y me encontré a J. y después K. me tiró la copa encima".
Es por eso que no suelo hacerlas y, aunque esta no se pueda considerar una de esas en el sentido más estricto, surge como consecuencia de las gilipolleces que oigo últimamente por aquí.

Resulta que, como que 50 años después de que esta ciudad planeara tener un metro, se alinean los astros para que interese políticos, terreno arcilloso y filtraciones de agua se pongan de acuerdo y empiece la construcción de la Linea 1. Llevamos 4 años con la ciudad levantada, y lo que nos queda, pues van a empezar con la construcción de las líneas 2,3 y 4 en breve. Pero como ciudadano, soy capaz de ver más allá de mis propios intereses y pensar que todo esto vale la pena por disponer de un puto metro, que llevamos dependiendo del pésimo servicio de los autobuses AÑOS. Pues parece que a la gente lo único que le preocupa es que los postes exteriores de ciertos tramos son muy feos y rompen con la estética de la zona. Con dos cojones. Y esto es solo un ejemplo de la de gilipollas que tienen voz y voto. Otros son: el carril bici no se debería haber construido porque "las bicicletas no producen nada para la economía del país"; la obra del único espacio público que podría convertirse en la nueva imagen de la ciudad (el proyecto Parasol de la Plaza de la Encarnación) es"demasiado moderno y no acorde con la realidad sevillana" y el tranvía que conecta todo el centro será un fracaso porque nadie está acostumbrado a coger tranvías (ejem... ¡pero si no ha habido antes!).

Lo mejor es pensar que todo esto sigue adelante, a pesar de todos estos que pretenden que vayamos al trabajo en coche de caballos con la cerveza en la mano vestidos de corto y con botos de Valverde del Camino. Un desatino propio de una ciudad que pretende ser moderna cuando no es más que una amalgama barroca de ideas y actitudes que nunca saldrá de su concepto (por supuesto autogenerado y alimentado por ellos mismos) de superioridad con respecto a las demás.

12 marzo 2007

Fisher & Díaz


Hay momentos en la vida en los que a veces, sin saber como, todo lo que pasa por tu cabeza se alinea con ciertos elementos externos que hacen que te plantees si es casualidad o simplemente pasa porque todo ocurre cuando tiene que ocurrir. Llevo meses dándole vueltas a muchas cosas en mi cabeza, cosas que además no voy a resolver por muchas vueltas que le de, y sin darme cuenta me he encontrado con una serie que, en su última temporada, converge todos esos miedos en unos argumentos, personajes y situaciones que de familiares me tienen asustado.

Para los que no hayan visto A dos metros bajo tierra, este no es un post en el que se vayan a dar argumentos para que lo hagan (la propia serie, por su temática y lo atípico de sus personajes y argumentos es la que elige a sus espectadores). De hecho, es casi preferible que si no has sentido interés antes de leer los posts que hablan de su final, no lo hagas. O por lo menos no lo hagas esperando un final espectacular o un golpe de efecto que cambie tu percepción sobre toda la serie. Este final (que en realidad dura cuatro capítulos) es tan grande porque pone punto y final a una trama compleja de una forma coherente. El hecho de no dejar ningún cabo suelto hace que se eviten posibles tentaciones futuras de resucitar (y nunca mejor dicho) la serie, y sobre todo pone en pie los principios por los que se mueve una cadena como la HBO americana, que ha marcado las pautas en cuanto a la ficción televisiva se refiere. Cuando en España vemos cosas como la muerte de personajes o cameos (que no hacen más que demostrar la falta de ideas en los guionistas) allí se preocupan por cosas tan absurdas como establecer las líneas argumentales para cada personaje desde el principio al final, no alargar más de lo estipulado inicialmente la serie o elegir actores que se comprometan con lo que están haciendo, y no crean que participar en televisión es peor que hacer una cutre obra de teatro en el Teatro La Latina. Pero claro, supongo que cualquier cosa es mejor que trabajar en cualquier ficción televisiva española.

El caso es que viendo la temporada final de la serie he llorado (mucho), he reído, he deseado la desaparición de algunos personajes (ese profesor de arte...), me he angustiado, he temido por cada personaje cada vez que había un fundido a blanco (los que la han visto saben a qué me refiero) y sobre todo, me ha hecho recordar las anteriores temporadas (en las que considero que no hay tantos altibajos como algunos piensan) y verlas como un camino necesario para llegar hasta aquí. Nunca en la vida me había identificado tanto con todos y cada uno de los personajes de una serie de televisión. Capítulos como el que David recoge al autoestopista, interpretaciones como la de Claire cuando descubre las ideas políticas de Ted o cuando Ruth dice aquello de "nunca consigo lo que quiero" o personajes como el de Brenda intentando luchar durante toda la serie contra todo lo que ella es hacen que se me olvide todo lo que yo consideraba que era bueno en cualquier obra dramática. Y todo eso sin hablar de los famosos seis últimos minutos. Todo esto en una serie que ha cambiado mi percepción del mundo y que me ha cambiado a mí.

Más en:

>> Nico en Laultimapelicula.com
>> Artículo en Edición limitada sobre la quinta temporada.
>> Web oficial

09 marzo 2007

El Vellocino de oro

De pequeño lo flipaba con las películas de dinosaurios. Lo recuerdo como lo que más me interesaba del mundo, junto con mi Spectrum. Incluso llegué a comprarme libros sobre la historia de la paleontología o catálogos sobre dinosaurios que me permitían ver todos y cada uno de los bichejos de la época. Por eso cada vez que pasaban Jason y los Argonautas por televisión me quedaba embobado delante de la tele preguntándome cómo conseguían mover esos bichos de esos tamaños y lograr que interactuaran con los protagonistas. Con los años lo entendí todo, y empecé a ver que detrás de esa técnica, utilizada en un montón de películas, había un nombre: Ray Harryhausen.

El tipo es uno de los creadores vivos más interesantes, y el que me impulsó a realizar algún pequeño corto en stop-motion con muñecos de papel albal. Después mis vocaciones se volvieron tantas que al final acabé por decidirme por la menos artística de todas. Pero esto no quita que siga maravillándome con el trabajo de este señor que alguien se ha encargado de recopilar en esta web en la que podemos ver todas y cada una de las criaturas que inventó, y además en movimiento. Todas con información de la película en la que aparecen. Pasen y vean...

>>Ficha en imdb.com

Tu vida para los demás

Si hay alguna película en la cartelera actual que nadie debería perderse es “La vida de los otros”, film alemán del primerizo director de largos Florian Henckel von Donnersmarck. En ella, un agente de la Stasi (Policía secreta de la República Democrática Alemana) recibe el encargo de espiar a un famoso escritor que comulga con el régimen, pero del cual tienen sospechas. Esto, que podría desembocar en un thriller con persecución final incluida y muerte del malomalísimo en manos de un director usamericano, se convierte aquí en una inteligente, entretenidísima y sobre todo emocionante película que plantea muchas preguntas en la cabecita del espectador, de esas que tiene que resolver en casa él solito.

Evidentemente, en la película el espiado no sabe que lo está siendo; si no, el que espía no estaría protagonizando una película. Esto, que puede sonarnos a una cosa muy lejana que pasa en los países con regímenes dudosamente democráticos, es algo que soportamos día a día, sin darle la menor importancia. Lo peor de todo es que somos conscientes del control y la dependencia que ciertas empresas ejercen sobre nosotros, y nos da igual. He aquí el verdadero quid de la cuestión: asumimos ese control como parte del peaje que tenemos que pagar por acceder y disfrutar de las facilidades que proporciona este primer mundo.

Diariamente, una persona joven de clase media se levanta, va a trabajar y allí utiliza el ordenador como herramienta de trabajo. Mediante e-mail y teléfono se comunica con el exterior o dentro de la propia empresa, y utiliza internet para visitar algunas páginas de interés personal. Cuando termina su jornada laboral, decide pasar por el supermercado para hacer la compra, la cual paga con tarjeta. Y además aprovecha para devolver un producto que compró pero no le satisface. Ya en casa, y tras una buena ducha, decide comprar alguna película en el canal de pago.

Esta rutina, que puede ser común para la mayoría de la gente, hace que vayamos dejando pistas que las empresas van recogiendo y analizando. Al enviar un correo electrónico, éste es analizado por la empresa (Google, Hotmail, Yahoo…) para insertar en él anuncios publicitarios. Al navegar por páginas de interés personal, estamos dejando pistas que el proveedor de Internet puede utilizar a su favor para enviarnos emails publicitarios con productos relacionados con las páginas que visitamos. Al realizar la compra y pagar con tarjeta, estamos asociando nuestro nombre a la compra de, por ejemplo, de pañales para el bebé (ya saben que tenemos hijos), champú anti caída (saben que tenemos problemas capilares) o crema anti arrugas (nos preocupa nuestro aspecto externo). Al devolver el producto estamos dejando constancia de que somos un cliente potencialmente problemático y que estamos descontentos con el producto adquirido, y puede que sea conveniente que nos envíen bonos promocionales para poder recobrar la confianza en la empresa. Por último, la compra de una película en el canal de pago hace que, en caso de que esta película sea, digamos, exclusivamente para mayores de 18 años, estemos marcados de por vida como cliente potencial de este tipo de cine.

Seguramente ninguno de estos datos recogidos sirvan para nada más que para personalizar más la publicidad de sus negocios, pero no debemos olvidar que están en manos de empresas, las cuales se mueven en su mayoría por el interés económico. No es que tengamos que vivir en completa paranoia ni ver conspiraciones donde no las hay, pero sí que deberíamos plantearnos que el ritmo de vida que llevamos supone cargar con este equipaje que, para algunos es insignificante pero para otros supone ceder algo tan propio como su privacidad.

Publicado en puntocultural.com

02 marzo 2007

El cine... de Lo que yo te diga

La gente de El cine de Lo que yo te diga en la Cadena Ser lleva años (muchos muchos) haciendo un trabajo excelente cada sábado. Han sobrevivido a directivos, cambios de hora, copas de europa, tours de Francia y a todo lo que se le ha puesto por delante. Su programa de cine, una mezcla de actualidad, crítica, buena música y un pelín de mala leche es de lo mejor que se hace en este país en cuanto a periodismo cinematográfico.

Suyas son también las galas de los Oscars y de los Goyas que, año tras año, consiguen que a veces uno se plantee si no es mejor bajar el sonido de la tele y escuchar directamente sus ácidos comentarios. Además Teófilo el Necrófilo (su crítico cinematográfico) es un personaje que critica con fundamento, como una persona "normal", los reportajes del programa van mas allá de la simple publicidad de las distribuidoras (tipo "Cartelera" en TVE) y siempre añaden elementos críticos o información extracinematográfica que ayudan a hacernos una idea del proceso de creación de la película o las dificultades de la misma. Lo único que hasta ahora me impedía seguirlo con asiduidad era su horario, de 5 a 7 de la tarde (cuando no había nada más importante que emitir) y de 3 a 5 de la mañana (creo), cosa que el bendito podcast ha venido a solucionar.

Desde hace unas semanas han empezado a emitir una serie de reportajes que han titulado "Las escenas que nos revolvieron el estómago" y que comenzaron con Pink Flamingos (y el famoso altercado entre Divine y el perro) y han seguido con Pepi, Luci, Bom y la escena de la lluvia dorada, Indiana Jones o El sentido de la vida de Monty Python. Cuelgo los dos primeros, porque no tienen desperdicio. Sobre todo la historia de Pink Flamingos.

Pink Flamingos


Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón

01 marzo 2007

Suéltate el pelo

Viaje con una cámara recién adquirida. Una Nikkon f55 con un gran angular y un teleobjetivo normalitos, pero infinitamente mejor que cualquier otro que haya tenido en mi vida. Carrete Fuji Superia Iso 400 para conseguir unos colores lo más contrastado posibles en fotos diurnas. Elección del mejor estudio de revelado de España (según la OCU) y advertencia de que tengan especial cuidado con las fotos que tienen entre manos. Resultado: Un pelo larguísimo que atraviesa la mayor parte de las fotos.

Descartado el fallo en el revelado (hay unas diez que no lo tienen), me doy cuenta que la foto que inicia la serie "La Mancha con pelo" corresponde a una que realicé con teleobjetivo. En el momento del cambio de Gran Angular a Teleobjetivo se debió colar el dichoso pelo y empezó a adornar todas las fotos restantes. Mi gozo en un pozo, y una pena porque las fotos (algunas) me habían quedado muy bien....

27 febrero 2007

Pe & Ma


Ma:
Prueba esto y emborrachate de una vez, manchega perdida!!! Y echate un cantecito!
Pe: Ay no se, Ma, seguro que no lleva alcohol???
Ma: Que no, ya verás. Que parece que no me conoces...
Pe: ¿Tu porque crees que no me han dado el Oscar?
Ma: Ay no se chica. Yo llevo años esperando y tampoco. Pero piensa que desde hoy en todos los carteles aparecerá tu nombre junto al "Oscar Academy Nominee". Pero si quieres un premio, vente conmigo a los razzies que allí seguro que te lo dan. Te lo digo yo.

26 febrero 2007

Tierra de Gigantes

Este fin de semana he estado de visita por la Mancha y he vuelto Manchego perdido. Tanto Maestre, tanto corral de comedias, tanto gigante han hecho que me sienta muy atraído por estas tierras, a las que yo englobaba dentro de la deep spain pero por la que me siento más interesado que nunca.
Por ello, voy a hacer mi top manchego particular. Espero no dejarme nada.

10) Los nombres de los platos: llamar a un plato "Duelos y quebrantos" hace que te apetezca comértelo, independientemente de que después no lo haga al darme cuenta que había sesos pululando por el plato...
9) Las referencias literarias: Cervantes y todos los personajes de El Quijote, Quevedo, Lope de Vega, el siglo de Oro... forman un parque temático de las letras cuanto menos curioso. Inteligente manera de levantar una comunidad que no sé que estaría vendiendo si Cervantes no hubiera empezado su libro tal y como la empezó...
8) El Pisto Manchego. Inconmensurable, grandioso y uno de los placeres mas terrenales que existen.
7) El corral de comedias de Almagro. Realmente increíble el conocer in situ el divertimento de los habitantes de la época, las normas que se aplicaban en las representaciones y los entresijos entre autores, editores, actores y público. De visita obligada, junto con la Plaza Mayor.
6) La explicación del proceso de escritura del Quijote y de sus ediciones, por parte de P. Podía haber ocurrido en cualquier otro lugar, pero ha dado la casualidad que ha sido allí donde he re-aprendido un trozo de historia que había olvidado, y que no entiendo como nadie ha intentado llevar al cine.
5) Las fotos en las puertas de las casas de la Raimunda y la Agustina. Soy un mitómano un poco cutre, lo se.
4) El castillo de Belmonte, totalmente apuntalado y fantasmal. No todos los días uno tiene la ocasión de visitar un castillo totalmente vacío, sin turistas, y sabiendo que se está jugando la vida en cada una de sus habitaciones.
4) Los molinos de Campo de Criptana, y concretamente dos: el que conserva la maquinaria original y el que contiene el número 1 de esta lista.
3) El museo del alambre de Campo de Criptana. Absolutamente peculiar y kitsch. Un tipo que desde hace 20 años se dedica a hacer catedrales, estadios de fútbol, animales, herramientas y personajes con alambre y un alicate. Una demostración de que lo que vende es aquello que es único.
2) El museo del Teatro de Almagro o como adecuar el contenido al continente, demostrando que con imaginación se puede trasladar la idea que se tiene en la cabeza de una forma amena y original: representaciones en miniatura, proyecciones y artilugios interactivos hicieron que me lo pasara en grande.
1) El museo de Sara Montiel en Campo de Criptana. ¡¡¡Sí señor!!! La tierra natal de Saritísima le dedica un molino y en sus dos plantas se monta un museo con hilo musical en riguroso Hi-Fi que contiene carteles, discos, vestidos, cartas y el piano de El Último Cuplé como elemento estrella. Todo ello amenizado por una guía muy especial que nos contó anécdotas de su vida, su infancia y su forma de ser. No es que yo sea muy fan de esta señora, pero tengo que reconocer que el punto trash-macarra venida a menos que tiene en los últimos años me encanta. Y ver todo eso en un museo pues tiene su punto.

22 febrero 2007

Sábado por la tarde

Si hay algo de lo que he sido consciente al volver a retomar el vinilo es de lo feliz que yo era cuando era pequeño. No quiero decir que ahora no lo sea, sólo que nunca me paro a pensar en épocas pasadas y en analizar si fueron buenas o malas, mi memoria sólo abarca a recordar periodos muy cercanos. Pero ahora, seleccionando en casa de mis padres los vinilos que tenía, he sido consciente de la suerte que he tenido.

No todo el mundo (y lo he confirmado hablando con mis amigos) puede decir que en su casa se organizaran verdaderos festivales musicales en riguroso playback donde se interpretaban éxitos de la talla de Fotonovela (Iván), Él (Lucía), Ay Ay Ay (Bibi Andersen), el Noa Noa (Massiel), la discografía de Yuri o los temas de Ángela Carrasco. Todo el mundo habla de la música que escuchó durante su infancia y hace referencia a los Beatles, a los Rolling, Led Zeppelin... Yo no puedo tirarme el moco de esa manera: la herencia más importante de mi abuelo (locutor de la SER) es una impresionante colección de vinilos (LP y singles) de música popular. Algún que otro single aparente (The Doors, Rolling Stones o ABBA) pero la mayoría canciones de artistas que las discográficas lanzaban casi a diario, desapareciendo del mapa tras ese primer lanzamiento.

Disfrutaba tremendamente con mi hermana cantando, algo que no he vuelto a hacer hasta hace muy poco tiempo (el Singstar es lo que tiene). Utilizábamos un trozo de madera proveniente de la silla de la cocina (la típica con la que hay que tener cuidado cuando te sientas porque le falta un palo: el palo-micro) y un tocadiscos que nos había traído mi abuelo de Melilla. El tocadiscos daba unos calambrazos tremendos, sobre todo porque lo encendíamos y apagábamos descalzos y mojados. Pero daba igual, era parte del juego.

Al igual que el tocadiscos, fuimos afortunados también al tener un proyector con sonido, el cual mi madre nos dosificaba para que cualquier proyección supusiera todo un acontecimiento. Recuerdo los sábados y domingos de lluvia como nos reuníamos para organizarlo todo: bajar el proyector del armario, montar la pantalla, sacar las películas, elegir la que íbamos a ver (las posibilidades eran El Hombre y la Tierra, La Guerra de las Galaxias, dibujos de la Warner, Mortadelo y Filemón, dos películas de El Gordo y el Flaco que eran mis preferidas y una película de un fakir clavándose una espada), colocar la película en el proyector, apagar las luces y empezar a verla mientras ese olorcillo a quemado que produce la lámpara del proyector al entrar en contacto con la película nos invadía.

Todo esto viene a cuento porque creo que nunca estaré lo suficientemente agradecido a mi familia por todo esto; sin darme cuenta, estaba asistiendo a la configuración de mi personalidad, mis gustos y mis aficiones de una manera increíble. Crear interés sin que parezca aburrido es algo que yo nunca he sabido hacer, y que si alguna vez tengo hijos pienso aplicar desde el principio. No se si sólo se limitaron a despertar en mi algo que ya existía o si realmente moldearon mi personalidad, pero en cualquier caso, benditos sean.

13 febrero 2007

Un día de furia

Ayer viví uno de esos momentos en los que te planteas si vivir en una ciudad es un privilegio o una desgracia. Se me ocurrió coger el coche para hacer algunos recados, para lo que me pedí el día de asuntos propios en el trabajo. La mañana incluía cuatro paradas, tres de ellas con problemas previstos de aparcamiento. Sin problemas en las dos primeras (no más que los normales a la hora de aparcar cerca de miles de edificios habitados por funcionarios), pero al llegar a la tercera, todo se desmadró. Una hora de reloj en encontrar un aparcamiento que al final estaba lejísimos del sitio al que tenía que ir. Ni que decir tiene lo cabreado que salí, las ganas de pegarle a alguien que tenía y lo urgente que es para mí deshacerme del coche. Un día de furia en mis propias carnes.

Me he dado cuenta que, más allá del no poder mantener un coche que se estropea cada dos por tres y que no uso, mi problema es más grave: me pongo nerviosísimo cuando conduzco, me produce ansiedad el no saber dónde puedo aparcar o qué camino tengo que seguir para llegar a algún sitio y todo esto provoca que vaya por la carretera ido sin saber muy bien qué hacer. Vamos, un peligro. sé que tengo un problema y sé también cual es la solución: deshacerme de él.

Y a todo esto que en Sevilla hay un terremoto y a mí me pilla conduciendo y me lo pierdo. Para algo emocionante que pasa... Perpelejo me quedo después cuando veo las noticias y veo imágenes de gente fuera de sus edificios por el "peligro" que esto supone. Casualmente, todos funcionarios. ¡Vivan los tópicos pero que razón tienen a veces!

04 febrero 2007

Lo peor del día

Si hay algo que me molesta del día a día de este país es tener que presenciar esos absurdos programas casi obligatorios para cualquier cadena que son los Telediarios. Un Telediario debería ser un espacio donde el espectador pudiera obtener una visión objetiva y amplia de lo que ha ocurrido en el día, algo que le diera pie a crearse una opinión propia a partir de esa información. En vez de eso tenemos magazines que lo único que pretenden es captar la atención con el más difícil/escabroso todavía. Existen una serie de elementos que de un tiempo a esta parte se han hecho comunes para todos en todas las cadenas:

  • Abrir con una noticia de impacto: un asesinato, un atropello, el asesinato de una mujer, una matanza en alguna guerra… Todo ello por supuesto mostrado con todo lujo de detalles. En este campo Tele 5 es la gran maestra: la llegada de Pedro Piqueras ha hecho que no haya mucha diferencia entre El Buscador (el programa más sensacionalista y amarillista de la misma cadena) y el informativo.
  • Temas “de interés para todo los españoles”: terrorismo, nacionalismo vasco, catalán o andaluz, crispación política… Nada de esos temas que no interesan, como discutir alguna solución al problema de la vivienda, la precariedad y temporalidad laboral o el nivel de asfixia económica al que someten los gobiernos a las nuevas y pequeñas empresas…
  • Publireportajes que no son más que publicidad encubierta pagada por alguna marca, que convierte el lanzamiento de su nuevo producto en noticia de alcance que recoge el telediario de turno. En esto Antena 3 es la gran maestra.
  • Estrenos de películas/obras de teatro/lanzamiento de disco al mercado que, lejos de servir para cubrir el cupo de noticias culturales, sólo promocionan la inversión que la cadena ha realizado en dicho producto, en un claro ejercicio (de nuevo) de promoción.
  • Autobombo: estrenos de la cadena y audiencias de programas de la noche anterior que no hacen sino subrayar aspectos que en otros tiempos hubiera sido impensable ver en estos espacios.
  • Los pases de modelo: de un tiempo a esta parte se imponen los desfiles de moda en los informativos, como si necesitáramos saber cuáles son las tendencias de la próxima temporada un martes a las tres de la tarde.
  • Y por último, el estrés: todos los informativos buscan el impacto, el sobrecoger al espectador para que no cambie de canal. Y todo ello a través de la velocidad, que provoca en el espectador una sensación de ansiedad impropia de esas horas del día. En este punto enmarcamos las fanfarrias que acompañan a los sumarios (de una intensidad cabreante) o las cabeceras creadas para ciertas ocasiones, como cuando Antena 3 acompañaba las noticias de la guerra de Irak con un montaje musical y de imágenes que hacía que a ti, en el sofá de tu casa, te entraran ganas de invadir Polonia.
Estas son sólo unas breves pinceladas de algunos lugares comunes de los estandartes de cada cadena. Dejando a un lado a las dos recién incorporadas (que por ahora no se han subido al carro), está claro que la batalla por ser el informativo más visto hace años que empezó y dista mucho de estar ganada. Aún quedan límites que rebasar: peleas de entrevistados en directo, presentadores que dan el tiempo desnudos, reportajes de investigación sobre exorcismos, peleas de gallos/perros o sufrimiento en directo son límites que parecen no estar muy lejos de alcanzar, visto el panorama actual. Yo cada vez que pienso en el informativo del futuro pienso en Andrea Caracortada y su espacio “Lo peor del día”, anticipo bastante acertado que retrató Almodóvar en su película Kika y que por el camino que vamos alcanzaremos dentro de muy poco.

Publicado en Puntocultural.com

29 enero 2007

La alfombra negra

Si hay algo que ayer me puso de los nervios de "la gran fiesta del Cine Español" no fue la gala en sí, ni los trajes de Corbacho, ni la media hora de retraso (decisión muy acertada) ni el que la suma de anuncios (casi una hora) hiciera la gala un verdadero tostón (y no los agradecimientos, como siempre se dice): si hay algo que me puso enfermo y que me produjo vergüenza ajena de esa de la mala fue la retransmisión en directo de la entrada de los asistentes. De tal tarea se encargó la gente de España Directo, programa que no había visto en mi vida pero que sin duda no volveré a ver jamás. Después de toda una tarde de lo más interesante conectando con toda España para que viéramos qué diferencias hay entre la nieve en Cuenca y la nieve en Cazorla, y tras anunciarnos durante horas la llegada de Penélope Cruz y preguntándose quién sería su acompañante (duda que resolvió su hermana al decir que venía con su madre y que convirtió la expectativa en un auténtico bluff), comenzó uno de los espectáculos más lamentables que ha dado TVE en los últimos años.

De entrada, había dos periodistas que eran los encargados de recibir a los invitados: uno a los pies del coche y otra en la entrada del Palacio de Congresos. El primero estaba extrañamente excitado y la segunda tenía un repertorio de preguntas digno del Club Disney. La idea era que el chico cazara todo lo que pudiera en la entrada y la chica después se detuviera con las actrices para que, con la excusa de conocer sus opiniones, poder enseñar el modelito, que para eso se lo curran. Eso en teoría, porque después, en la práctica, la cosa se salió de madre: el tipo no paraba de hablar continuamente, cortando a los invitados con otra pregunta antes si quiera de que hubiera finalizado la anterior. Por no hablar de lo más sangrante de todo: entrevistaba a gente que no conocía. Hubo momentos en que, al no conocer al entrevistado, se notaba que hacía preguntas genéricas para no meter la pata. A otros directamente les preguntaba si estaban o no nominados, a Anabel Alonso la tuvo esperando dándole la espalda como dos minutos, y con Marisa Paredes estaba un poco confundido ya que no sabía muy bien si era presidenta, ex-presidenta o simplemente mujer.

La otra chica tampoco se quedó atras, y protagonizó momentos surrealistas, como entrevistar a Dafne Fernández solo para preguntarle por su vestido y dejar pasar a gente nominada o llamar a Leonardo Sbaraglia Jesús (como su personaje), cosa que tuvo que corregir el propio actor. Y cuando se supone llegaban los importantes (nominados), van y meten una cuña publicitaria y después de esta, el telediario. Que digo yo que está muy bien que se emita, pero no entiendo muy bien porqué cuando hay partido de liga europea todo se modifica y después esto no pase con actos como estos. Total, que al final, nos quedamos sin ver la entrada y pasamos directamente a la gala. Otro bluff más como todo lo que se hace en la televisión actual en España: se hartan de crear expectativas para después no cumplirlas.

Ana García Siñeriz será lo que quieras, pero su trabajo en los Oscars lo hacía perfectamente. Conocía los nombres de los actores, sabía quién estaba nominado y porqué y encima se preparaba las entrevistas de la alfombra (tan solo es necesario una batería de preguntas para todos y un redactor que te las indique por el pinganillo cuando se acerque un actor determinado). No es tan difícil hacerlo bien, pero en este país de cutres que vivimos es mucho mejor improvisar que anticipar. Y así nos va.