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04 junio 2008

El rey del baile

Esta no es una entrada sobre un concierto, ni una crítica a un disco determinado. Es una forma de expresar las buenas sensaciones que tuve en el concierto de Richard Hawley el sábado en Territorios. Supongo que el no conocer ninguna de sus canciones hizo que me pasara por el concierto sin ninguna expectativa, y aunque al principio todo me sonaba igual, poco a poco me fui metiendo y empezando a disfrutar.

Fue más o menos a la mitad del concierto cuando empecé a sentirme como si estuviera en la fiesta de graduación del curso del 67 y fuera a ser elegido rey del baile: canciones como Valentine, Tonight the streets are ours, la aparición de una leve lluvia durante el concierto o las perfectas y atronadoras (y no descontroladas) guitarras hicieron que consiguiera evadirme y, durante algunos minutos, relajarme y disfrutar. Y que alguien consiga eso en mi es un mérito increíble.

Experiencia que se hace aún más maravillosa al oir ahora sus canciones, en frío, y darme cuenta que no me provocan lo mismo. Que el momento hizo lo suyo y que difícilmente se podrá repetir. Supongo que eso es todo lo que se le puede pedir a un concierto...

>>MySpace de Richard Hawley

26 mayo 2008

Discotraxx.es


No, este no es el fin de este blog. Pero sí que me apetecía diversificarme un poco. Desde hoy, podéis encontrar una novena parte de mí en Discotraxx.es. Si, con .es

26 abril 2008

Teen cinema


Hace unos meses, yo era uno de esos espectadores que se aterrorizaban ante la visión del cartel de cualquiera de estas tres películas: Virgen a los 40, Supersalidos y Lío Embarazoso. Normal: los títulos, los actores pseudo-desconocidos, los carteles promocionales (bastante deleznables), los personajes arquetípicos... No había nada que me hiciera mover un dedo y dedicarle un minuto a alguna de estas películas. Todo cambió cuando un compañero, al que respeto y no entiendo a partes iguales, me las recomendó. Bueno, también ayudó que me hablara de las críticas que habían recibido en la edición española de Cahiers du cinema.

Así que me senté a ver la primera (Supersalidos) con una mezcla de escepticismo e incredulidad, a sabiendas que serían los típicos productos al que el crítico pedante y aleccionador de turno le coge el gusto y coloca en su estantería de películas favoritas sólo para poder defenderse de las acusaciones de "espectador de películas de arte ensayo": Oye, no, que entre mis favoritas están Supersalidos y Aterriza como puedas, que yo no soy así. Un trofeo más que añadir a su lista de películas para sacarle de un apuro.

Pero hete aquí (sí, le he robado la expresión a Cuca García de Vinuesa) que no. Que lo que me encontré me gustó mucho. Judd Apatow y Seth Rogen (productores de los tres títulos, director -el primero- de Virgen a los 40 y Lío embarazoso y actor en los tres filmes -el segundo-) forman una pareja que han creado tres títulos de imprescindible visión para aquellos que adoran a John Hughes; especialmente el Hughes de El Club de los cinco o de producciones suyas como Todo en un día o La chica de rosa. Tienen Apatow&Rogen en común con Hughes el cariño por sus personajes, el que sean personas normales, con sus defectos y virtudes, solo que estas últimas sólo salen a relucir al rodearlos de otros personajes que los hacen tienen aun más defectos que los primeros. Eso y una especie de cruzada por reivindicar un tipo de cine que ya no se hace: el de la comedia de adolescentes hecha con cerebro. Porque aquí no hay American Pies (que no digo yo que no deban existir, ojo) ni Scary movies. Aquí lo que hay son pequeñas historias y situaciones muy reconocibles para el espectador; historias que se ven con una sonrisa en la boca durante todo el metraje; personajes que de patéticos que son consiguen que simpaticemos con ellos (todos hemos conocido y conocemos a cientos de McLovin'); y sobre todo un intento de hacer cine desde la industria pero con sus propias reglas: una forma de acercamiento al género de comedia adolescente, solo que la diferencia está en que ahora dirige una persona con cerebro y espera que sus espectadores también lo tengan.

Y, desde ya, soy fan de esta pareja: por todo lo que he dicho y por meter en sus películas a Catherine Keener, Steve Carrell y sobre todo, a Paul Rudd. Lo siguiente está siendo verme la primera y única temporada de Freaks and geeks, la serie que hicieron en 1999 en la que apuntaban maneras y temas de sus filmes posteriores, y que me está dejando muy buen sabor de boca. Y si, está claro que esta gente no lo debieron de pasar muy bien en sus años de instituto....

18 enero 2008

Los crímenes de Oxford

Una pena. Eso es lo que pensé nada más salir del cine tras ver la nueva película de Álex de la Iglesia. Pena en el sentido de decepción, de ocasión desaprovechada, de poder haber sido pero no. El director, acostumbrado a dar cales (La comunidad) y arenas (Muertos de risa) venía de filmar una de las mejores cosas que se han hecho en este país: La habitación del niño. Por eso incluso la decepción es mayor: las expectativas eran altas y la historia prometía, además de que el reparto elegido hacía presagiar lo mejor.

De entrada, la historia comienza dejando gotitas que pueden hacer erizar el vello de los geeks, nerds y toda la gente microsierva de la sala. Términos como sucesión numérica, Fibonacci, teoría del caos o principio de indeterminación de Heisenberg se alternan con apariciones más o menos disimuladas de cubos de Rubik o máquinas Enigma. Cuando uno piensa que en la historia todos estos elementos van a participar, empieza a frotarse las manos. Y de hecho el comienzo promete, con la llegada de un estudiante americano a la universidad de Oxford para realizar su tesis. Allí sus planes iniciales se verán trastocados por un crimen que desencadenará la historia y que le hará agudizar su ingenio para intentar resolverlo.

El problema está en que la historia se acaba ahí: todo lo que viene detrás no me interesó en absoluto. Y no es que al director le venga grande meterse en ciertos temas (ya digo que en La habitación del niño sale airoso de una trama mucho más compleja), sino que a la historia le venía grande el director. En esta historia no hay nada-de-nada. Hay elementos supuestamente misteriosos, pero que se resuelven de la manera más tonta y apresurada posible. Un ejemplo con spoiler: en la escena del crimen inicial, aparece la víctima jugando al Scrabble. Sólo decir que a nadie se le ocurre mirar qué palabras hay en el tablero hasta el final de la trama, cuando a mi sería lo único que se me ocurriría hacer (Fin spoiler). Quiero decir con esto que por debajo de toda la palabrería matemática, hay una historia que avanza a trompicones y que se resuelve de una manera totalmente previsible.

Tampoco ayuda el hecho de que los actores (error mío: vi la película doblada) no lleguen a encontrar el punto correcto en ningún momento. La historia les lleva por falsos sospechosos, personajes que no aportan nada y situaciones resueltas de una manera chabacana (la escena del concierto me recordó a cualquier escena de REX). Leonor Watling no sabe muy bien qué hacer con ese (brevísimo) personaje que la desnuda cada dos por tres y que se ve obligada a soltar frases que causan vergüenza ajena (por no hablar de lo poco que el fotógrafo ha sabido favorecerla con la luz). Elijah se pada toda la película con cara de asombro, incapaz de darle al personaje más registros que ese. Sólo John Hurt entiende los recovecos del personaje y logra hacer algo medianamente decente con su papel.

Y lo peor de todo es que aquí no hay nada de lo que pretendas encontrarte en una película de Álex de la Iglesia: no hay humor negro, no hay mala leche y no está representado eso que tan bien hace que es la mala baba española (y que hasta ahora había colocado en casi todas sus películas). Esto es una película pequeñita y mala que podría haber sido realizada en cualquier parte del mundo por cualquier director sin personalidad alguna, con una fotografía plana y nada beneficiosa para sus personajes (y no vale decir que eso era precisamente lo que se buscaba, porque hay escenas televisivas por un tubo) y unos diálogos y trama que no hacen más que poner en evidencia a los autores. No todo es malo, y hay tres cosas por las que no salí del todo cabreado: un falso plano secuencia, bastante tramposo pero muy muy bonito, la música de Roque Baños, con reminiscencias a Hermann y por último los créditos finales.

Hace poco se hablaba del descenso de espectadores del cine español, cada día más acusado. Para mi, aparte de lo evidente (el 90% de las películas que se hacen en este pais interesan solo a los autores y a sus familias), se trata de una cuestión de confianza: yo confiaba en Álex de la Iglesia, y ahora me va a costar volver a confiar en él. Supongo que al resto de la gente le pasará lo mismo. Son tantos palos ya que uno acaba por generalizar y catalogar al cine de un país como si fuera un género propio. Después, añadirle el predicado "es una mierda" no cuesta nada y con decepciones como esta menos aún.

08 enero 2008

Siete novias para siete hermanos


Si algo he hecho en estas fiestas inmundas ha sido ver cine. Como un poseso. Bueno, cine y Alias, que me tiene en un vilo a punto de terminar la primera temporada. Solo de pensar que me quedan cuatro siento vértigo y emoción por todo lo que aún me queda por ver.

Entre las cosas que he vuelto a recuperar se encuentra Siete novias para siete hermanos, musical que me fascinaba de pequeño y que hace poco alguien tuvo a bien regalarme. Decir que la revisión ha sido decepcionante es decir, sin duda, mucho. De veras, no recordaba algo tan cursi desde... vamos, que no lo recuerdo (bueno, Brigadoon está ahí ahí). Ver a 7 gañanes comportarse como garrulos y de repente ponerse a montar coreografías mientras talan árboles o cómo abren sus bocas y de ellas no sale una voz normal, sino una voz de tenor hace que se te caiga todo por los suelos, y da la razón a todos los que denostan los musicales precisamente por eso.

Además la copia en DVD es bastante mala, no ya por la falta de extras (trailer y making of en el que el único interés es ver los caretos de los/las protagonistas años y kilos de Botox después) sino porque el master del que ha sido extraída está en condiciones deplorables. Lo mejor de un musical clásico que es el colorido de la imagen aquí no se aprecia en absoluto, ya que los colores están apagadísimos y la imagen pasa por plana casi todo el tiempo (que aprendan de la edición de Rebelión a bordo, un ejemplo a seguir). Si el aspecto visual fuera como debiera, podríamos perdonar que los protagonistas carezcan de carisma, que la historia sea inverosímil (vale, se basa en la leyenda Romana de El rapto de las sabinas), que los decorados canten más que en Obsesión o que la historia se resuelva en 30 segundos (verídico).

Como curiosidad, decir que la película fue el sleeper de la temporada, recaudando mucho más que su hermana mayor (y a la que favorecieron recortando el presupuesto de Siete novias...) Brigadoon, y que se rodaron dos versiones a la vez, una no-Cinemascope y otra en Cinemascope ya que no todos los cines estaban preparados para emitir en este formato. Ni que decir tiene que la primera versión nunca se emitió.

De todo, destacar la escena del granero, por lo complicado que tuvo que ser rodarla y porque realmente queda espectacular en pantalla. El resto, vistas tantas cosas, es bastante mediocre y sólo apto para bocas ávidas de almíbar. Si quieren ver al verdadero Donen dirigir un musical ESPECTACULAR y a Gene Kelly protagonizarlo, pasen de este y refugiense en otro que de verdad es todo lo que promete.

11 diciembre 2007

Desaparecida

Viendo que la huelga de guionistas ha hecho que las series que seguía hayan llegado a una season-finale inesperada (por lo temprana), me puse a rebuscar una serie a la que hincarle el diente. Y recordé que, hace unos meses, teniendo la 1 de fondo, me sorprendí viendo algo (no sabía si era una serie o una película) que me sorprendió porque, de entrada, la fotografía era bastante atractiva. Después tuve que dejar de verla porque mis compromisos con la ficción norteamericana me impedían compaginar otra serie más (eso o mi vida social), pero me quedé con el regusto de que había visto algo que me había interesado.

Hace poco puse a bajar el primer capítulo de Patricia Marcos: Desaparecida y lo que ha venido después ha sido un enganche total. La serie está muy bien realizada (y cuando digo muy bien no quiero decir eso de "no parece española", sino que en todos sus aspectos está a un excelente nivel -la productora es Grupo Ganga, la de Cuéntame...-), la fotografía está trabajada hasta el más mínimo detalle, las localizaciones existen y son variadas (y no se reducen a explotar un coche en un polígono), las interpretaciones están ajustadas (Carlos Hipólito, ser por el que no sentía especial simpatía, hace de un padre comedido a veces, histriónico otras pero siempre con el tono justo), la historia da para mucho (a pesar de que se trate de una clásica historia de whodunnit?) y sobre todo la serie está rodada con la intención de alejarse todo lo posible de los clichés televisivos españoles (a pesar de tratar un tema tan trillado como la desaparición de una persona), intentando crear un producto de calidad que toma como referente a la ficción cinematográfica.

Pero sin duda, lo mejor de todo es la presencia de ese GRAN ACTOR que es Miguel Ángel Solá (que sabiamente abandonó una propuesta tan original como R.I.S a los 15 días de rodaje para incorporarse a Desaparecida), el teniente de la Guardia Civil que investiga la desaparición de Patricia Marcos, y que con sus miradas, gestos y susurros no necesita nada más para regalarnos unos momentos de auténtico placer. Sin duda, lo mejor, pero no lo único: todos parecen haber nacido para sus papeles, incluso Luisa Martín, la inefable Juani del Doctor Nacho Martín que pareció haber muerto como actriz tras la serie. Y por increíble que parezca, en España hay una actriz-niña que actúa bien: se llama Bárbara Meier y en ella se podían fijar la multitud de niños-loro que se dedican a recitar de memoria sus papeles, y que casi con toda seguridad, no evolucionarán hacia nada mejor en su carrera que eso.

Y una última cosa por si no están del todo convencidos: algunos capítulos (creo que uno y medio por ahora) están dirigidos por Jorge Sánchez-Cabezudo, autor de esa pequeña gran cosa llamada La noche de los girasoles.

27 noviembre 2007

Hay que sufrir

Mi primer contacto "adulto" con Joan Crawford vino de la mano de ¿Qué fue de Baby Jane?, salvaje película (que debes haber visto antes de hablar conmigo de cualquier cosa) en la que la inocente Joan era víctima de las bromas y caprichos de una Bette Davis en el papel más esquizoide de su carrera (algo así como si a Mercedes Milá la atiborras a éxtasis durante un mes y después de golpe y porrazo se los quitas). Después, la película nos demostraba que ni la buena era tan buena ni la mala era tan mala.

Más tarde me interesé por su vida personal, e intenté comprobar si era tan tan mala como decían los libros de cine. Para ello, acudí a su biografía hecha película (Queridísima mamá) y comprobé que me había quedado corto. La hija, autora de la biografía en la que se basaba la película, contaba cómo las palizas eran habituales (por hechos absolutamente inocentes, como colgar la ropa en perchas de alambre) o cómo se convirtió en sustituta de su propia hija en la serie que ésta protagonizaba (en un camino a la inversa al realizado por Eva Harrington). Vamos, una femme fatale bigger than life.

Tenía la base lista para enfrentarme a algunas de sus películas, aquellas realizadas cuando ya los estudios vieron el tipo de personajes que sabía interpretar perfectamente, y que consiguieron encasillarla en el papel de madre capaz de hacer cualquier cosa (y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa) por defender su honor o el de su familia. Empecé con Camisa de fuerza, en el que protagonizaba el papel de una madre que, al sorprender a su marido en la cama con otra, procede al corte seco de cabeza mediante el método-hachazo a su marido y a la amante de éste, en presencia de sus propios hijos. Al final, como siempre, la cosa no era como nos habían planteado (otra vez) y no era tan mala como habíamos creído (parece que la estrategia de guionistas y productores era captar la atención del público mediante un tráiler en el que se nos mostraba a la Crawford que todos queríamos ver -enloquecida, asesina sin escrúpulos- pero una vez que la entrada estaba vendida, hacer que saliéramos del cine con una idea diferente a la que habíamos entrado). Fue uno de sus últimos papeles y ya era casi una caricatura de si misma.

Y este fin de semana he podido ver Mildred Pierce (Alma en suplicio), y la jugada se ha vuelto a repetir. La película, realizada por un Michael Curtiz que ya había triunfado en el mundo entero con Casablanca, es un vehículo para el lucimiento de la Crawford (Oscar incluido), esta vez de nuevo madre protectora de una hija desagradecida y ambiciosa. La película comienza con un asesinato (pero muy muy al comienzo, justo tras los títulos de crédito), y hace que durante todo el metraje se nos vaya mostrando, en forma de flashbacks, todo lo ocurrido hasta llegar a ese momento. La Crawford sabía perfectamente cómo interpretar personajes duales, y aquí lo hace hasta el final. Un final que, como casi todo el cine clásico que veo últimamente, se resuelve en menos de dos minutos. Eso si que es apurar el tercer acto y lo demás son tonterías. Una muestra de cine negro protagonizado por mujeres como ya no se hace.

Darle mérito a esta película es quitárselo directamente a Tacones Lejanos. Las referencias de la primera en la película de Almodóvar son notables (no cuento nada para no destripar la trama, pero no son referencias livianas precisamente), y hacen que ya no pueda verla con los mismos ojos. No es que sea una de mis películas favoritas, pero si quitas toda la paja (la subtrama de Miguel Bosé y su investigación, y porqué no decirlo, su interpretación) te quedan unas escenas entre Victoria Abril y Marisa Paredes que ponen los pelos de punta.

Son solo tres ejemplos que permiten, si no lo has hecho ya, acercarse a una mujer que, para mí, sentó las bases de la interpretación de personajes histéricos y pasados de rosca.

13 noviembre 2007

La fuga de Logan

La imagen de Logan corriendo agarrado a la protagonista mientras dispara con su pistola a los que les persiguen (aunque visualmente esos disparos parezcan petardos explosionando) es algo que he tenido en mi cabeza toda mi vida, desde que, un sábado por la tarde, la echaron en televisión. Tras la revisión este fin de semana, aun no puedo aclarar si esas imágenes pertenecían a la película o a la serie de televisión que se estrenó posteriormente y que nunca nadie se ha atrevido a reponer.

La película tiene ese regusto Barbarella (aunque la recreación del futuro aquí es mucho más terrenal que en la disparatada película de Jane Fonda) que tanto me gusta, y soy incapaz de decidir si su propuesta visual me produce vergüenza ajena o admiración (vale, la escena del robot es de vergüenza ajena e irreivindicable). Es verdad que los trajes pueden parecer ridículos, que la idea de ciudad del futuro se asemeje a cualquier centro comercial de hoy en día, y que los efectos especiales cantan una barbaridad. Pero, argumentalmente, fue un espejo en el que se han mirado numerosas películas hasta nuestros días.

El argumento: Logan trabaja de vigilante en una ciudad en la que los ciudadanos nacen con fecha de caducidad: a los 30 años, deben de someterse a un proceso de "renovación" que hace que vuelvan a nacer. O al menos eso es lo que ellos piensan. A la vez, un grupo de rebeldes ayuda a aquellos que intentan escapar de esa renovación proporcionándoles cobijo en una zona inhóspita de la ciudad. A Logan le encargan encontrar dicha zona y destruir a los rebeldes, pero durante la búsqueda se dará cuenta de la mentira que supone todo lo que le han contado y se unirá a los rebeldes.

¿Les suena? A mi, se me ocurren así de una tacada (y sin pensar demasiado): Gattacca, Abre los ojos, El show de Truman, Blade Runner, Desafío total ...(y obviando remakes más o menos ocultos como La Isla, de Michael Bay). Pues eso, que detrás de todas las mallas ajustadas, las imágenes con halo, las habitaciones llenas de terciopelo, hay un argumento y una sustancia que ha sido empleado de muchas formas y en muchos sitios. Que hay mucha obra que va de original por ahí y después, a dos golpes de búsqueda en google, te encuentras la referencia que nadie ha mencionado en la promoción pero que más que referencia es espejo donde mirarse. En este caso ni siquiera hizo falta buscar, porque en mi cabeza seguían latiendo imagen y argumento: lo único que no había tenido la oportunidad de volver a verla para confirmar mis teorías.

Una pena que no venga el Tarantino de turno a vestir a su heroína con los ropajes de alguno de los personajes, para que salga del ostracismo en el que está metida, pues no mucha gente la conoce. Aunque eso supongo cambiará si se llega a realizar el remake que prometen...

29 octubre 2007

La vida privada de Sherlock Holmes


La vida privada de Sherlock Holmes era una de las películas favoritas de su director, Billy Wilder. Uno presupone que a un director le debe de gustar todo lo que dirige, aunque la realidad nos dice que eso casi nunca pasa. Le gustaba porque era un film elegante, bien fotografiado en color, y con unos personajes que se habían Wilderizado lo suficiente como para reconocer en ellos su pluma y la de Diamond, pero sin perder las raíces asentadas por las obras de Doyle.

Pero claro, todo esto era lo que pensaba de "su obra original", no de lo que hicieron en la sala de montaje con el material que él había entregado. En principio la visión de Wilder sobre el detective era una película compuesta por 5 episodios, narrados a través de flashbacks por un muerto (Dr. Watson, utilizando un recurso ya probado con éxito en Sunset Boulevard), que narra algunos de los casos más incómodos y atípicos que la pareja tuvo que aceptar, y de los que no salieron demasiado bien parados. Wilder, una vez rodado todo el material (con algún que otro parón propiciado por el intento de suicidio del protagonista, Robert Stephens), tuvo que venirse a Europa para localizar Avanti!, por lo que dejó en manos de un montador de su confianza la confección final de la película. Éste, siguiendo órdenes del estudio, y tras ver que el metraje original pasaba de las tres horas, decidió eliminar tres de las historias, dejando sólamente dos de ellas. Wilder, al volver y ver lo que habían hecho con su película, renegó de ella pero no tuvo tiempo de poder hacer nada más. Así que la película se quedó tal y como la conocemos hoy, y sin posibilidad de ver la otra versión, pues los rollos de película desaparecieron, encontrándose sólamente algunos fragmentos y trozos de audio, pero nada significativo como para reconstruir el que hubiera sido el montaje de Wilder. Por tanto, nos quedamos sin saber si la versión de Wilder hubiera sido mejor que la que conocemos. A mí la película me fascina tal y como está.

Cuando la vi de pequeño me llamó la atención lo bonita que era visualmente. A esa edad podía decir poco más, aparte de lo que ya de por si dice que una película clásica de dos horas tenga pegado a la pantalla a un niño de 12 años. Con el paso de los años he apreciado otras cosas: el fino y elegante humor de los protagonistas, la relación de camaradería entre Holmes y Watson, la profundidad aportada a unos personajes que ya estaban anclados en el cliché más absoluto (con las sugerencias sobre la homosexualidad de Holmes o su adicción a la cocaína) o la historia, que entretiene como pocas. Entre las joyas, el siguiente diálogo:

Watson: "Holmes... Permítame una pregunta. No quisiera parecer indiscreto pero, ¿ha habido mujeres en su vida?".
Holmes: "La respuesta es sí... Me parece usted indiscreto".
La edición en DVD de la película (MGM Video) es mejorable en todos los aspectos. La calidad del máster no llega a la mínima en algunas escenas, entre los subtítulos no viene el Español (aunque sí el turco) y los menús parecen hechos por un alumno de primero de Paint. Yo tuve que verla en español, cosa que tampoco me desagradó demasiado ya que las voces de la película forman parte de la imagen que tenía de ella en mi cabeza (aunque te tienes que acostumbrar a que no haya sonido ambiente cuando hablan los personajes). Todo esto por 8,95 euros.

05 septiembre 2007

Periodismo cebolleta

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30 agosto 2007

El gran carnaval

27 de Enero de 1993. Esa es la fecha, mes arriba mes abajo, del comienzo oficial de la telebasura en España. O por lo menos, de una forma determinada de hacer televisión. La encargada de inaugurar tan ilustre período (que dura hasta nuestros días) fue la sin par Nieves Herrero, representante perfecta de periodista de los 90 (nacida bajo las faldas de Hermida, presentadora de magazines que se llamaran como se llamaran siempre eran iguales, y una amabilidad y un almibaramiento que no casaba con los temas que trataba). Y el hecho que dio el pistoletazo de salida fue el famoso crimen en Levante: el descubrimiento del cadáver de las tres niñas de Alcasser propició una noche que, desde entonces, está clavada en mi mente como el punto más bajo al que una serie de personas delante de una cámara han llegado.

No recuerdo si exactamente es como yo tengo en la cabeza, pero recuerdo un teatro repleto hasta el gallinero, con un grupo de gente en el escenario sentada en círculos. En dichos círculos estaban las amigas de las tres chavalas asesinadas, llorando a moco tendido, mientras Nieves iba entrevistando a cada una de ellas con preguntas del tipo "Debes estar pasándolo muy mal. Pero cuéntanos, ¿cómo era Desiré como amiga?". Mientras, toda España asistía conmocionada pero con la tele encendida, para sufrir a la par que la familia.

Algo parecido llevo viviendo yo estos tres días. Constantemente me vienen imágenes, tipo "Recuerda" de la Herrero en un teatro abandonado, preguntando cosas a la gente que está vestida de rojo y blanco mientras la cámara se va acercando más y más a ella, hasta que la cercanía nos permite descubrir cómo se frota las manos por el share que seguramente piensa obtener.

Si el que lee es seguidor de este blog, sabrá perfectamente lo que me importa el deporte en general, y el fútbol en particular. Pero lo vivido estos días ha trascendido la noticia deportiva y ha inundado todas las conversaciones, periódicos, magazines vespertinos y conversaciones de ascensor. Toda la ciudad volcada para despedir a un chaval al que la mala suerte se ha llevado de imprevisto. Las cadenas han hecho su agosto durante estos tres días con las conexiones especiales, los testimonios y los programas-homenaje: el personaje que ansiaban les llegó tarde, pero les llegó.

Algunos dirán que bueno, que no es más que un homenaje y que lo único que han hecho es recoger el fervor popular y mostrarlo por pantalla. Pero que me digan a mí si un reportaje, con el himno del centenario del club, acompañado de imágenes de los partidos, de la gente en la puerta del hospital, de su entierro y del sufrimiento de la familia no es intentar hacer un espectáculo de algo que no tendría porqué serlo. Pero claro, después te encuentras con que dichos programas tienen un 40% de share y que la gente se sube a la tapia del cementerio para poder ver el entierro del jugador, cuando la familia pide que sea un acto privado. Argumentos que no hacen sino darle la razón a los directivos de las cadenas que dicen que dan al público lo que quiere.

Pornografía de la mala, sin duda.

16 agosto 2007

¿Quién teme a Virgina Woolf?


Una película para mujeres de mente sucia. Así es como algún crítico norteamericano la definió en su estreno, allá por el año 1966. Aunque esa frase bien podría definir perfectamente también a todos los personajes de esta película, empezando por Elizabeth Taylor (cuando aún era Elizabeth y no Liz, sombra entre patética y encantadora de lo que es en la actualidad) y acabando por Sandy Dennis (la jovencita inocente que al principio es una convidada de piedra pero que al final también tendrá mucho que decir), que aprovechan una no-deseada-reunión entre amigos para soltar las puyas más grandes que sus sucias mentes podían haber imaginado.

Como consecuencia, una película hiriente, salvaje, nada complaciente, que juega con los sentimientos del espectador obligándole a asistir a más de dos horas de autodestrucción de una pareja a las que ni siquiera da tiempo de coger cariño. Pero al contrario que otras historias en las que rápidamente te pones del lado de uno u otro, aquí no hay ni buenos ni malos. La autodestrucción no es la consecuencia de nada, sino los cimientos en los que se basa su relación. Una relación construida sobre insultos, desprecios, reproches y ataques al ego. Siempre ha sido así, y eso es algo que entendemos al finalizar la película.

No creo que haya nadie que pueda salir indemne del visionado. El vertiginoso diálogo (en contraste con un guión de lo más pausado, en el que, visto desde fuera, no pasa nada) hace avanzar la historia por caminos cada vez más truculentos, más despiadados y más dañinos. Mike Nichols (en su primera película, atención) parece disfrutar hurgando en la herida y sugiriendo, muy por encima, posibles motivos que consigan hacernos entender el porqué del comportamiento de los personajes.

Una película dura que removió los cimientos más puritanos de Hollywood: junto al desnudo de diez segundos de Blow up de Antonioni, el uso continuado de insultos de boca de la Taylor y Burton propiciaron la creación del sistema de clasificación por edades que aún hoy se mantiene en el cine americano con leves modificaciones y que fue modelo para otros países. La película fue calificada con un NC-17 que restringió a los espectadores más jóvenes (no sé si también a las mujeres de mente no-sucia).

Pero si por algo se merece pasar a la posteridad (además de por la interpretación desquiciada de sus protagonistas y por ser uno de los últimos ejemplos de una manera clásica de hacer cine) es por ser una de las películas más aterradoras de la historia, pero no por lo que se ve, sino por el terror que uno siente al pensar en que su relación, con los años, pueda acabar así. Como una versión X de "Dos en la carretera"...

>> Ficha de la película

05 junio 2007

Miranda!

De entrada, tienen todo lo necesario para que no me gusten: son argentinos (no me interesa demasiado la música hispana del otro lado del charco, ni me hierve la sangre al escuchar los ritmos latinos -bueno sí, pero me hierve en sentido contrario-), tienen letras que rozan y a veces sobrepasan los límites de lo que es el almíbar y su producción musical es similar a las melodías de los primeros juegos de Mario Bros, allá por los 80. Y a pesar de todo eso, me encantan. Y más desde que he oído su último disco: El disco de tu corazón (sic). Y todo ello con: una producción musical superior y menos monótona que la de sus discos anteriores, una cumbia, un dúo con la inefable Julieta Venegas, otro con Fangoria, tres baladas bastante mediocres (aún no se han dado cuenta que las baladas no son lo suyo -aunque yo creo que las baladas, así en general deberían estar prohibidas en cualquier cantante) y mucha actitud. Eso tan difícil que mucha gente aún no entiende que todo grupo/cantante debe tener: no queremos cantantes que podrían ser vecinos, hermanas o compañeros de trabajo. Ya basta de gente mediocre que se cree que abriendo la boca y cantando el I will always love you lo tiene todo hecho. Por eso, y sólo por eso, Miranda! merece la pena.

15 mayo 2007

Miedo y asco en TV

Leo en El guionista Hastiado un post en el que el autor, guionista de televisión, teoriza sobre qué se puede y qué no se puede hacer en una serie de televisión en España. Y de cómo esto depende de todos menos de los propios guionistas, cansados de tanto personaje andaluz, tanto gay enrollado o tanta maruja malhablada.

Para empezar, un ejemplo: una escena de LA SERIE:

En cierto capítulo, hay una escena en la que David, solo en su apartamento, por la noche, se prepara un vaso de leche, coge una toallita limpia, la dobla y se sienta frente a la tele. Enciende el vídeo y comienza una película de porno gay en la que dos soldados amonestan a un recluta al que "van a dar su merecido".

En ese momento suena el teléfono. David detiene la película y contesta con tranquilidad. Es el prelado de su parroquia, en la que él es diácono, que está preocupado porque sospecha que un cura aspirante a fomar parte de la diócesis puede ser homosexual. David, con un tono relajado y sincero, niega tener ninguna sospecha ni información al respecto y tranquiliza al cura. Cuelga y vuelve a poner la película, mientras se baja la bragueta.



Después de explicarnos el porqué considera esta escena una maravilla, por lo que dice y por lo que no dice del personaje, se plantea las posibles respuestas que recibiría del resto de responsables de lo que aparece finalmente en pantalla en forma de capítulo. Las respuestas, geniales, y desgraciadamente, muy acertadas:
- No se puede hablar de pajas porque queremos que los niños también puedan ver la serie (aunque la emitas a las 10 de la noche). Ya sé que sólo se sugiere, pero al menos hay que quitar la toalla, es demasiado visual, y por supuesto lo de la bragueta.
- Será más divertido si se le cae la leche y se mancha.
- Será más divertido si responde equivocándose e inculpándose sin querer ("no creo que sea maricón... vamos, pero que tampoco me importaría, a mí me encantan los maricones... que no quiero decir que yo lo sea, ¿eh? Son enfermos pecadores, uy, uy, que se corta, piiiii...).
- Hacer algún juego de palabras, que está a huevo. "Pues si es gay, que le den por culo... uy, perdón".
- Cuando David cuelga, será mejor que llore, es un conflicto duro y queremos que el espectador se entere bien.
Y así otras tan ciertas como estas. ¿Queda alguna duda de porqué el panorama serial televisivo de este país da asco?

03 mayo 2007

Tootsie

Tootsie

...Tootsie es una de esas películas en las que la línea divisoria de la década en la que se estrenó es tan clara que, vista años después, puede provocar a algunos el efecto contrario al deseado: aburrimiento. Su realización, su estética, su planteamientos y sus protagonistas son taaaan 80 que quizás haga que uno no se deje llevar por sus virtudes y se entretenga más en ver lo ridículo de las situaciones o premisas. Forma, junto a "Al filo de la noticia" y "Escándalo en el plató", la trilogía sobre la televisión estadounidense y sus neuras en los últimos veinte años del siglo pasado, su manera de funcionar y sobre todo de los desquicios que provoca en los que están dentro de ella.....

09 abril 2007

Carne, huesos y TV

Si hay algún medio que está satanizado en España es la televisión. Ni la prensa escrita (ya sea seria o de usar y tirar tipo 20 minutos) ni la radio gozan de niveles tan bajos de respeto. Y dentro de la televisión, hay subniveles aún más denostados, como los programas amarillos. Rellenan contenido (en algunas cadenas más que otras) de una forma muy rentable, y se produce el curioso efecto que ante cualquier mención de los mismos en una conversación, todo el mundo se apresura en desmarcarse para que su imagen externa no se vea mancillada. Algo que hacen hasta los presentadores de dichos espacios, que de vez en cuando sueltan un “no se pierdan el último libro de Auster” o “es como en aquella película de Greenaway” sin saber que hay cosas que dichas en ciertos entornos provocan el efecto contrario al pretendido…

No voy yo por tanto a desmarcarme como lo hacen todos. Me da igual que esto no sea políticamente correcto. Lo confieso: consumo este tipo de productos. Y sí, soy consciente de la poca calidad que ofrecen. Pero no creo que por eso tengan que ser repudiados de esa manera. Sobre todo cuando basura hay en todas partes, empezando por los periódicos nacionales, los telediarios o los programas de entretenimiento. ¿Y cómo se llega a disfrutar de cosas como una prueba de paternidad/test de embarazo en directo, una pelea entre dos señoras madurísimas de la escena trash española, un concurso donde encierran a gente para que se peleen dentro y fuera de los platós o del escarnio público de todo un grupo de políticos marbellíes? Pues relajándose y asumiendo que, o bien están ahí porque quieren estar o es el castigo del pueblo a tanta poca vergüenza. Porque yo, como espectador, no puedo ver en ellos a personas de las que me rodean todos los días, de esas que no van por ahí pisando a los demás o haciendo primar sus propios beneficios. En su lugar veo a un conjunto de personajes que, de tanto aparecer, han traspasado la barrera existente entre lo real y lo ficticio, y han pasado a ser un personaje más de esa teleserie que se llama “Famosos”, y por los cuales no siento la más mínima pena o compasión. Sobre todo porque son ellos los que han elegido estar ahí, y hay muy pocos por no decir ninguno que no utilice a la prensa amarilla para promocionar sus presentes o futuros proyectos. Eso en el caso de que seas famoso "de por sí". Si eres anónimo e intentas conseguir tus 15 minutos de fama… ¿quién soy yo para impedírtelo?

Y el hecho de ser espectadores habituales de este tipo de productos… ¿nos hace ser peor que quienes no lo son? Supongo que depende de a quién le preguntes. Un no espectador te dirá que esa basura solo puede hacerte llenar horas y horas de tiempo e información vacía, la cual no necesitas y además es perjudicial, ya que te embrutece.Un espectador replicará que lo uno no está reñido con lo otro, y que es de una demagogia tal afirmar eso que desacredita de inmediato a quién lo hace. ¿Desde cuándo comer solomillo está reñido con disfrutar de comida basura? ¿Quién no se rinde de vez en cuando a los placeres más mundanos?

Si el problema está en que resulta molesto ver la televisión y encontrarse “mientras se zapea” con tales productos y personajes, la solución es bien sencilla. Apagas la tele y te lees un libro, te apuntas al cable para ver lo que te dé la gana o te vas a la calle. Sin duda, me parecen mucho más peligrosas ciertas editoriales de El Mundo o del ABC, las opiniones de algunos tertulianos televisivos, la labor de nuestros representantes políticos, ciertos presentadores de informativos radiofónicos o las proclamas de la Iglesia sobre ciertos temas.

Démosle una oportunidad al espectador: no sentemos cátedra sobre lo que es bueno o no para él. Afortunadamente no es un ente-esponja que absorbe sin analizar todo lo que ve por televisión. Y si lo fuera, es su problema, y el de nadie más.

Publicado en puntocultural.com

03 abril 2007

Barbarella

barbarella

Barbarella es una de esas películas por las que llevaba tiempo suspirando pero que había conseguido esquivarme durante años. A pesar de que otros éxitos de la ciencia ficción (como esa cuyo nombre nunca he sabido en la que un grupo de científicos se introducen en el cuerpo de un enfermo tras pasar por un proceso de miniaturización) han sido repuestos hasta la saciedad, todo el mundo parece haberse olvidado de esta joya visual del erotismo-soft-pop que es, sin duda, una de las mejores peores películas de la historia. Y es una pena, porque material había. El cómic de Jean-Claude Forest proponía a una heroína inocente, sexy, consciente de que sus mejores armas no eran precisamente sus pistolas láser. Hoy en día lo vemos como algo normal, pero en el 68 era toda una provocación...

04 febrero 2007

Lo peor del día

Si hay algo que me molesta del día a día de este país es tener que presenciar esos absurdos programas casi obligatorios para cualquier cadena que son los Telediarios. Un Telediario debería ser un espacio donde el espectador pudiera obtener una visión objetiva y amplia de lo que ha ocurrido en el día, algo que le diera pie a crearse una opinión propia a partir de esa información. En vez de eso tenemos magazines que lo único que pretenden es captar la atención con el más difícil/escabroso todavía. Existen una serie de elementos que de un tiempo a esta parte se han hecho comunes para todos en todas las cadenas:

  • Abrir con una noticia de impacto: un asesinato, un atropello, el asesinato de una mujer, una matanza en alguna guerra… Todo ello por supuesto mostrado con todo lujo de detalles. En este campo Tele 5 es la gran maestra: la llegada de Pedro Piqueras ha hecho que no haya mucha diferencia entre El Buscador (el programa más sensacionalista y amarillista de la misma cadena) y el informativo.
  • Temas “de interés para todo los españoles”: terrorismo, nacionalismo vasco, catalán o andaluz, crispación política… Nada de esos temas que no interesan, como discutir alguna solución al problema de la vivienda, la precariedad y temporalidad laboral o el nivel de asfixia económica al que someten los gobiernos a las nuevas y pequeñas empresas…
  • Publireportajes que no son más que publicidad encubierta pagada por alguna marca, que convierte el lanzamiento de su nuevo producto en noticia de alcance que recoge el telediario de turno. En esto Antena 3 es la gran maestra.
  • Estrenos de películas/obras de teatro/lanzamiento de disco al mercado que, lejos de servir para cubrir el cupo de noticias culturales, sólo promocionan la inversión que la cadena ha realizado en dicho producto, en un claro ejercicio (de nuevo) de promoción.
  • Autobombo: estrenos de la cadena y audiencias de programas de la noche anterior que no hacen sino subrayar aspectos que en otros tiempos hubiera sido impensable ver en estos espacios.
  • Los pases de modelo: de un tiempo a esta parte se imponen los desfiles de moda en los informativos, como si necesitáramos saber cuáles son las tendencias de la próxima temporada un martes a las tres de la tarde.
  • Y por último, el estrés: todos los informativos buscan el impacto, el sobrecoger al espectador para que no cambie de canal. Y todo ello a través de la velocidad, que provoca en el espectador una sensación de ansiedad impropia de esas horas del día. En este punto enmarcamos las fanfarrias que acompañan a los sumarios (de una intensidad cabreante) o las cabeceras creadas para ciertas ocasiones, como cuando Antena 3 acompañaba las noticias de la guerra de Irak con un montaje musical y de imágenes que hacía que a ti, en el sofá de tu casa, te entraran ganas de invadir Polonia.
Estas son sólo unas breves pinceladas de algunos lugares comunes de los estandartes de cada cadena. Dejando a un lado a las dos recién incorporadas (que por ahora no se han subido al carro), está claro que la batalla por ser el informativo más visto hace años que empezó y dista mucho de estar ganada. Aún quedan límites que rebasar: peleas de entrevistados en directo, presentadores que dan el tiempo desnudos, reportajes de investigación sobre exorcismos, peleas de gallos/perros o sufrimiento en directo son límites que parecen no estar muy lejos de alcanzar, visto el panorama actual. Yo cada vez que pienso en el informativo del futuro pienso en Andrea Caracortada y su espacio “Lo peor del día”, anticipo bastante acertado que retrató Almodóvar en su película Kika y que por el camino que vamos alcanzaremos dentro de muy poco.

Publicado en Puntocultural.com

29 enero 2007

La alfombra negra

Si hay algo que ayer me puso de los nervios de "la gran fiesta del Cine Español" no fue la gala en sí, ni los trajes de Corbacho, ni la media hora de retraso (decisión muy acertada) ni el que la suma de anuncios (casi una hora) hiciera la gala un verdadero tostón (y no los agradecimientos, como siempre se dice): si hay algo que me puso enfermo y que me produjo vergüenza ajena de esa de la mala fue la retransmisión en directo de la entrada de los asistentes. De tal tarea se encargó la gente de España Directo, programa que no había visto en mi vida pero que sin duda no volveré a ver jamás. Después de toda una tarde de lo más interesante conectando con toda España para que viéramos qué diferencias hay entre la nieve en Cuenca y la nieve en Cazorla, y tras anunciarnos durante horas la llegada de Penélope Cruz y preguntándose quién sería su acompañante (duda que resolvió su hermana al decir que venía con su madre y que convirtió la expectativa en un auténtico bluff), comenzó uno de los espectáculos más lamentables que ha dado TVE en los últimos años.

De entrada, había dos periodistas que eran los encargados de recibir a los invitados: uno a los pies del coche y otra en la entrada del Palacio de Congresos. El primero estaba extrañamente excitado y la segunda tenía un repertorio de preguntas digno del Club Disney. La idea era que el chico cazara todo lo que pudiera en la entrada y la chica después se detuviera con las actrices para que, con la excusa de conocer sus opiniones, poder enseñar el modelito, que para eso se lo curran. Eso en teoría, porque después, en la práctica, la cosa se salió de madre: el tipo no paraba de hablar continuamente, cortando a los invitados con otra pregunta antes si quiera de que hubiera finalizado la anterior. Por no hablar de lo más sangrante de todo: entrevistaba a gente que no conocía. Hubo momentos en que, al no conocer al entrevistado, se notaba que hacía preguntas genéricas para no meter la pata. A otros directamente les preguntaba si estaban o no nominados, a Anabel Alonso la tuvo esperando dándole la espalda como dos minutos, y con Marisa Paredes estaba un poco confundido ya que no sabía muy bien si era presidenta, ex-presidenta o simplemente mujer.

La otra chica tampoco se quedó atras, y protagonizó momentos surrealistas, como entrevistar a Dafne Fernández solo para preguntarle por su vestido y dejar pasar a gente nominada o llamar a Leonardo Sbaraglia Jesús (como su personaje), cosa que tuvo que corregir el propio actor. Y cuando se supone llegaban los importantes (nominados), van y meten una cuña publicitaria y después de esta, el telediario. Que digo yo que está muy bien que se emita, pero no entiendo muy bien porqué cuando hay partido de liga europea todo se modifica y después esto no pase con actos como estos. Total, que al final, nos quedamos sin ver la entrada y pasamos directamente a la gala. Otro bluff más como todo lo que se hace en la televisión actual en España: se hartan de crear expectativas para después no cumplirlas.

Ana García Siñeriz será lo que quieras, pero su trabajo en los Oscars lo hacía perfectamente. Conocía los nombres de los actores, sabía quién estaba nominado y porqué y encima se preparaba las entrevistas de la alfombra (tan solo es necesario una batería de preguntas para todos y un redactor que te las indique por el pinganillo cuando se acerque un actor determinado). No es tan difícil hacerlo bien, pero en este país de cutres que vivimos es mucho mejor improvisar que anticipar. Y así nos va.

22 enero 2007

The IT Crowd

Durante años la imagen del informático ha ido asociado a la del nerd más casposo y degradante que podamos imaginar. Esto, aparte de ser una realidad un pelín distorsionada, dejó de tener gracia hace mucho tiempo (más o menos a finales de los 80). Es incomprensible como las productoras, los guionistas y los directores actuales siguen insistiendo en aportar esa personalidad a sus personajes, incapaces de salir del tópico y típico personaje de pelo rizado que machaca compulsivamente el teclado y carece de vida social. Y claro, cuando la parodia está hecha con el misma talento que tiene Lidia Bosch para hacer cualquier cosa, pues es aun más degradante. Hasta ahora no había encontrado no ya una trama, siquiera un personaje que hubiera casado mínimamente sobre lo que es el trabajo diario de un informático de soporte IT (los que resuelven incidencias de usuarios en cualquier empresa), cosa que ha cambiado tras descubrir esa maravilla que es The IT Crowd...